La gripe porcina parece haberse generado en un Pueblo de Méjico llamado La Gloria donde la empresa Smithfield Foods mantiene criaderos de cerdos en forma deplorable.
Según expertos, tales criaderos constituyen bombas de tiempo listas para desencadenar epidemias mundiales.
Ya en 2006, unos investigadores del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos habían declarado: “La alta concentración de enormes cantidades de animales apretujados en muy poco espacio facilita la rápida transmisión y mezcla de los virus”.
En marzo de 2003, la revista Science ya había advertido que la gripe porcina estaba evolucionando en fase rápida a causa del aumento del tamaño de los criaderos industriales y del uso generalizado de antibióticos y vacunas. Afirmaban lo siguiente: “Parece que después de años de estabilidad, el virus de la gripe porcina de América del Norte se halla en una fase de rápida evolución y cada año produce nuevas variantes”.
Achacaban la fulgurante mutación de los virus a dos causas: el hacinamiento en criaderos insalubres de un número cada vez mayor de cerdos, y la práctica de vacunar a las hembras, ya que la vacuna actúa seleccionando nuevos virus mutantes. Esos dos factores, avisaban los expertos, “aumentan la probabilidad de que emerja un nuevo virus transmisible entre humanos”. Luego, ya sea por los excrementos, el alimento, el agua, o incluso las botas de los trabajadores, el virus se disemina de modo imparable.
Gigante productor de carne porcina, Smithfield Foods Inc. es una de las mayores empresas agroalimentarias del planeta y el número uno mundial de la carne de cerdo. Posee filiales en nueve países a través del mundo.
Con una cifra de negocios de casi 12 mil millones de dólares, Smithfield Foods es la tercera compañía estadounidense más poderosa en la producción de alimentos
Smithfield se instaló en la remota zona rural mexicana de La Gloria en 1994. En el interior de los criaderos con ventilación deficiente e iluminación constante para estimular su crecimiento, los cerdos viven encerrados en jaulas que impiden su movimiento. Son engordados hasta alcanzar unos 120 kilos. Los criaderos son verdaderas ciudades de cerdos, rodeadas de mares de materia fecal.
En las inmediaciones de los criaderos existe gran contaminación por las lagunas en que depositan los desechos animales, “Nubes de moscas emanan de las lagunas donde la empresa mexicana-estadounidense arroja toneladas de estiércol; generando contaminación a cielo abierto y una epidemia de infecciones respiratorias”.
A fines del año pasado y principios de 2009, el número de enfermos fue insólito. Un Organismo estadounidense encargado de la información epidemiológica, reportó que en La Gloria se estaba produciendo una serie de extraños casos de “infecciones respiratorias parecidas a la bronquitis neumónica, con fiebre y fuerte tos” y que “el 60% de los habitantes” padecía de una nueva y atípica enfermedad.
Sin embargo el gobierno mejicano no dio la alerta, ni movilizó seriamente a sus servicios de salud. Analistas mejicanos declaran que el gobierno quiso evitar que la información haga peligrar la llegada de turistas, ya que estaban cerca las pascuas; y por otro lado la llegada del Presidente de E.U. Obama.
MAS GANANCIAS PARA LOS LABORATORIOS
El medicamento más conocido y adquirido por los gobiernos de varios países, incluso el nuestro, es el llamado Tamiflú. Su descubrimiento se le adjudica a una Empresa cuyo presidente fue “Donald Rumsfeld”, desde diciembre de 1997 hasta hacerse cargo del Pentágono en 2001. Esta persona fue el ex-secretario de Defensa del presidente George W. Bush y uno de los principales instigadores de la invasión de Irak, y conserva un importante paquete de acciones.
Hoy la empresa multinacional suiza Roche, posee los derechos de fabricación y de comercialización del Tamiflú.
Una de las primeras medidas de Rumsfeld cuando asumió su cargo en el gobierno fue declarar el Tamiflu de uso obligado en el seno de las fuerzas armadas. Las acciones de la empresa se vieron también altamente beneficiadas en Bolsa a partir de 2003, cuando surgieron en Asia las amenazas de epidemias del Síntoma Respiratorio Agudo Severo (SRAS) y del virus de la gripe aviar.
CONCLUSION
La forma de producción genera estos males. Independientemente de la intención del empresario capitalista involucrado en dicho proceso. No se trata de cambiar a las personas o su voluntad, sino la forma de producir misma.
En este caso las Granjas Carroll de La Gloria son infiernos concentrados en los que se hacinan, en medio de la hediondez y bajo calores asfixiantes, decenas de millares de animales que intercambian virus patógenos con gran intensidad.
Ese tipo de ganadería inhumana, intensiva, que desanimaliza al animal y lo considera como un mero “producto industrial”, un simple “material” que da carne y procura beneficios financieros, es el culpable de la pandemia en curso.
Más productos, más rápido, a cualquier costo, incluso la vida humana, esa es la fórmula del sistema capitalista.
La GANANCIA es el fín último en el capitalismo, la razón de la producción. Vivimos en un sistema deshumanizado que pone en peligro la existencia misma de las personas. El planeta está siendo destruido, porque esa destrucción genera ganancias rápidas. Cualquier medio o explotación que sirva para la obtención de riquezas, es puesto en práctica, sin importara las consecuencias sobre las personas y el medio ambiente.
Más de estos problemas se avecinan, y se agravarán los existentes, sino cambian las formas en que el hombre actúa sobre la naturaleza.
La solución hoy más que nunca, no debe buscarse en mejorar el sistema capitalista. Los gobiernos en las democracias actuales son los representantes de las grandes empresas, como las que generaron esta gripe porcina. Los gobiernos administran sus negocios.
Por ello, debe reemplazarse el modo de producción capitalista, en el que la explotación de los trabajadores, la destrucción del planeta, la existencia de los males sociales (hambre, desocupación, etc.); no son defectos del sistema, sino efectos propios e inevitables del mismo.
Es una lucha gigantesca cambiar el sistema de producción actual, donde unos pocos se llevan las riquezas que generamos todos los trabajadores. Un primer paso importante en ese camino, es identificar a dicho sistema, donde lo único que importa es la ganancia; como la principal causa de los males que vivimos.
domingo, 9 de agosto de 2009
sábado, 8 de agosto de 2009
PANORAMA MUNDIAL EN UN MOMENTO DE CRISIS: CAUSAS DE LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA
Tomando como precepto el deseo de cambiar la realidad actual luchando por un futuro mejor, idealizado pero alcanzable, como grupo de discusión y acción que reúne a trabajadores, nos proponemos en un principio entender dicha realidad, comprenderla como un fenómeno histórico, originado en una lucha de poder de clases sociales antagónicas, por un lado los poseedores de los medios de producción, y por otro aquellos que se esfuerzan a diario para generar y multiplicar la riqueza de los primeros, que resultan ser la minoría.
La fórmula anterior, en un principio sencilla, nos permitirá esbozar el desarrollo del capitalismo como una maquinaria que recrea la explotación del ser humano por el propio ser humano, que tiende a la posesión de los recursos en pocas manos y a la miseria de las inmensas mayorías, legitimadas por un Estado creado para la protección del más fuerte y la represión del más débil y justificadas como “natural” por un aparato ideológico que pone el acento en la acumulación como razón de ser de la raza humana, independientemente de que el acto de acumular (cada vez más) conlleve al mercantilismo de sus pares y hasta la destrucción de su propia casa.
Nos empeñamos en comprender nuestra cotidianeidad de asalariados, para lo cual resultará necesario ir más allá, analizándola considerando la realidad nacional e internacional, tomando en cuenta las dimensiones política, económica, social y cultural.
Así las cosas, el objetivo de la presente sección es entender el lugar que ocupamos los trabajadores en el mundo, aprehendiéndolo como un todo formado por partes intervinientes que, al tener distintos intereses, juegan roles dispares en un esquema lucha por el poder. Resulta necesario, entonces, interpretar la crisis económica actual y el papel que cumplen los Estados Unidos, país en que la misma se originó, ubicado en el centro del poder político del mundo capitalista. Entendemos a la presente como una crisis de civilización, es decir de la civilización burguesa que presenta múltiples aspectos: económico-financiero, ambiental, energético, alimentario, militar, y cuyo motor se encuentra en el centro del mundo: los Estados Unidos.
Las causas profundas de la crisis económica actual son: en primer lugar, la enorme polarización de las rentas que se ha ido produciendo en Estados Unidos a partir de los años 1960 y que alcanzó su máxima expresión en estos primeros años del siglo XXI. En segundo lugar, también en Estados Unidos: la desregulación de la banca en los años 80 al derrumbar el sistema financiero inaugurado después de la gran crisis de 1929 y durante la Gran Depresión para disminuir el excesivo poder de la Banca y proteger los ahorros de la población. Es menester analizar estas causas para prever consecuencias y soluciones.
Las políticas económicas llevadas a cabo entre las décadas de 1930 y 1970 eran intervencionistas con un carácter keynesiano claro; sobre la base del consenso entre la tríada gobierno, empresa y trabajadores, se desarrolló una economía de consumo masivo basada en el pleno empleo y en el aumento sostenido de ingresos reales, con el sostén de la seguridad social, que a su vez se financiaba con el incremento de los ingresos públicos. Durante este periodo, la clase trabajadora era fuerte y había impuesto al mundo empresarial la necesidad de pactar no sólo el nivel salarial sino también las condiciones de trabajo y, a través de su influencia política, la expansión del estado del bienestar y la distribución de la renta nacional, aplicando políticas redistributivas que disminuyeron las desigualdades. La clase trabajadora había adquirido gran poder, por lo que siguió incrementando el nivel de sus demandas. Cuando la clase trabajadora no tiene trabajo (al tener un desempleo alto) lucha por obtenerlo; cuando lo tiene, pugna por buenos salarios y buenas condiciones de trabajo, y cuando alcanza esto último, quiere tener una voz en la decisión de cómo realizar el trabajo y cómo gestionar la empresa. Durante el periodo 1945-1979, el nivel de demandas y conquistas laborales había ido aumentando a medida que la clase trabajadora iba consiguiendo sus peticiones, resultado de su mayor poder. La clase empresarial estaba a la defensiva; era consciente de que estaba perdiendo poder y, como siempre ocurre, respondió en la década de 1970.
Las políticas en defensa de la clase burguesa trajeron como consecuencia un cambio en las relaciones de poder que permitió que las desigualdades sociales crecieran de una manera muy marcada durante el periodo liberal. La burguesía vio sus ingresos crecer de una manera muy notable a costa de los ingresos de la clase trabajadora. El mundo empresarial recuperó su enorme poder político desarrollando políticas públicas de las que se beneficiaron enormemente. El neoliberalismo fue así, la ideología de las burguesías.
La explicación de dichos cambios es aún más reveladora analizando el devenir de la sociedad norteamericana en el período. El porcentaje de la renta nacional (PBI) que tenía la clase trabajadora (60 por ciento de la población), pasó de ser el 35 por ciento en el año 2000 al 29 por ciento en 2005. De ahí que la población se viera forzada a pedir prestado a los bancos y a tener tarjetas de crédito, con lo cual la deuda de las clases populares fue creciendo en la manera en que el porcentaje de su renta fue disminuyendo. El endeudamiento de los trabajadores fue creciendo de forma sustancial, en especial en el sector inmobiliario: para comprar una vivienda, la deuda de una persona pasó de representar el 90 por ciento de su renta personal (después de pagar impuestos) en los años 1990, al 140 por ciento en 2006, y ello como consecuencia del crecimiento especulativo del precio de la vivienda. El gobierno federal facilitaba este endeudamiento bajando los intereses, que pasaron de un 5,1 por ciento en los años 1990 a sólo un 1,4 por ciento a partir de 2002. Se creó así una nueva burbuja, la burbuja inmobiliaria, que al explotar fue uno de los causantes de la crisis actual.
Entonces, la gran polarización en la distribución del PBI, con disminución del porcentaje que las rentas del trabajo representan del total de la renta nacional ha sido la causa de las crisis económica y financiera actuales. La escasez de capacidad adquisitiva de las clases populares ha creado un problema grave de insuficiente demanda, responsable del escaso crecimiento económico. Y los exuberantes beneficios de la banca han derivado primordialmente de inversiones especulativas, creándose el complejo capital financiero-inmobiliarias (construcción) responsable de los elevados precios de la vivienda, incrementándose todavía más el gran endeudamiento de las clases populares.
Este sistema da poder a los lobbies económicos y financieros, los que a su vez financian a los partidos políticos mayoritarios de Estados Unidos, haciendo sentir su influencia en el desarrollo de las políticas liberales. Hace un cuarto de siglo, las 200 más grandes corporaciones estadounidenses hacían negocios financieros y los mismos representaban cerca del 10 por ciento de sus beneficios. En la actualidad, esos beneficios están entre el 40 y 45 por ciento. En los últimos treinta años, las empresas productivas llevaron adelante esa reconversión porque, como se ha citado, hubo una desaceleración de la demanda y los excedentes de capital se fueron destinando al sector financiero. Las instituciones financieras funcionan en este contexto como un instrumento del propio sistema para conseguir superar las crisis de sobreproducción de las que hablaba Marx. La economía capitalista realmente existente privilegia, de este modo, la inversión especulativa, en las que ha predominado el enriquecimiento rápido y fácil, a la reinversión productiva de las utilidades, convirtiéndose el capitalismo en un sistema que destruye fuerzas productivas.
La segunda de las causas citadas actúa como complemento al funcionamiento del capitalismo contemporáneo. El reordenamiento de la economía capitalista fue acompañado de cambios en el sistema financiero que aumentaron el poder de la banca y dejaron de proteger los ahorros que la población tenía en los bancos. La desregulación permitió que el perdedor fuese el ciudadano que coloca sus ahorros en la banca, y que son utilizados por los banqueros para especular con aquel dinero, con un aseguramiento nulo o muy bajo. La banca pudo hacer prácticamente lo que quiso. En el momento de explosión inmobiliaria (julio de 2007), los bancos ofrecían hipotecas en términos sorprendentemente fáciles que luego se convirtieron en tóxicos al no poder pagarse, en parte debido al enorme problema del endeudamiento explicado en la primera parte de este artículo. Ahí está el origen de la actual crisis financiera.
Estados Unidos ha ampliado su colchón de seguridad empresarial de una forma que no tiene precedentes, desde los bancos comerciales hasta los de inversión, luego a los seguros y ahora a los automóviles, sin que haya un límite a la asistencia social a las empresas. Los ricos y poderosos acuden al gobierno para que les ayude siempre que pueden, mientras que los individuos necesitados reciben poca protección social. El gobierno de Obama ha confundido rescatar a los banqueros y sus accionistas con rescatar los bancos. La falta de planificación y de análisis de las consecuencias de los rescates de empresas, contribuirá a la tendencia natural del capital a concentrarse en el sistema capitalista, por lo que se espera como consecuencia de la crisis, un sistema económico menos competitivo y en el que las grandes multinacionales que eran demasiado grandes para hundirse serán aún más grandes.
Según la lógica expuesta, cuando las grandes empresas se hunden, el gobierno destina el dinero de los impuestos que paga todo el pueblo para rescatarlas. El funcionamiento del sistema continúa, y si las empresas logran nuevos beneficios, se largan con la recaudación; si les sale mal, el pueblo vuelve a pagar la cuenta.
A modo de síntesis, es necesario exponer que la actual no es sólo una crisis financiera sino también una crisis energética, alimentaria y ambiental que está adquiriendo una dimensión realmente preocupante, pues afecta, como siempre, a los más vulnerables. Sólo en Estados Unidos en el pasado mes de junio hubo 467 mil puestos de trabajo eliminados, llegando la desocupación al 9,5 por ciento, a lo que debe sumársele el crecimiento vertiginoso de las familias sin techo. Lo que algunos han enunciado como crisis financiera es mucho más que eso: es una crisis global, pues supone el agotamiento de un sistema cuyas consecuencias son la pobreza, el hambre y la exclusión social; la prosperidad de una minoría de la población mundial que se asienta en el sufrimiento de tantos. Esta crisis no se puede solucionar sólo con medidas de política económica, sino que es necesario plantearse otros modos de vivir y consumir. No estamos solamente ante una crisis financiera sino ante algo mucho más profundo: un sistema económico mundial desigual y depredador de la naturaleza y del propio ser humano.
Creemos necesaria la convocatoria a la clase trabajadora de todo el mundo, pues sólo identificándonos como pares podremos lograr una participación aunada en el combate contra el capitalismo, debiendo ante todo comportarnos individual y colectivamente como revolucionarios que somos, mostrando con nuestro ejemplo de lucha diaria que sólo así y en la unión venceremos.
La fórmula anterior, en un principio sencilla, nos permitirá esbozar el desarrollo del capitalismo como una maquinaria que recrea la explotación del ser humano por el propio ser humano, que tiende a la posesión de los recursos en pocas manos y a la miseria de las inmensas mayorías, legitimadas por un Estado creado para la protección del más fuerte y la represión del más débil y justificadas como “natural” por un aparato ideológico que pone el acento en la acumulación como razón de ser de la raza humana, independientemente de que el acto de acumular (cada vez más) conlleve al mercantilismo de sus pares y hasta la destrucción de su propia casa.
Nos empeñamos en comprender nuestra cotidianeidad de asalariados, para lo cual resultará necesario ir más allá, analizándola considerando la realidad nacional e internacional, tomando en cuenta las dimensiones política, económica, social y cultural.
Así las cosas, el objetivo de la presente sección es entender el lugar que ocupamos los trabajadores en el mundo, aprehendiéndolo como un todo formado por partes intervinientes que, al tener distintos intereses, juegan roles dispares en un esquema lucha por el poder. Resulta necesario, entonces, interpretar la crisis económica actual y el papel que cumplen los Estados Unidos, país en que la misma se originó, ubicado en el centro del poder político del mundo capitalista. Entendemos a la presente como una crisis de civilización, es decir de la civilización burguesa que presenta múltiples aspectos: económico-financiero, ambiental, energético, alimentario, militar, y cuyo motor se encuentra en el centro del mundo: los Estados Unidos.
Las causas profundas de la crisis económica actual son: en primer lugar, la enorme polarización de las rentas que se ha ido produciendo en Estados Unidos a partir de los años 1960 y que alcanzó su máxima expresión en estos primeros años del siglo XXI. En segundo lugar, también en Estados Unidos: la desregulación de la banca en los años 80 al derrumbar el sistema financiero inaugurado después de la gran crisis de 1929 y durante la Gran Depresión para disminuir el excesivo poder de la Banca y proteger los ahorros de la población. Es menester analizar estas causas para prever consecuencias y soluciones.
Las políticas económicas llevadas a cabo entre las décadas de 1930 y 1970 eran intervencionistas con un carácter keynesiano claro; sobre la base del consenso entre la tríada gobierno, empresa y trabajadores, se desarrolló una economía de consumo masivo basada en el pleno empleo y en el aumento sostenido de ingresos reales, con el sostén de la seguridad social, que a su vez se financiaba con el incremento de los ingresos públicos. Durante este periodo, la clase trabajadora era fuerte y había impuesto al mundo empresarial la necesidad de pactar no sólo el nivel salarial sino también las condiciones de trabajo y, a través de su influencia política, la expansión del estado del bienestar y la distribución de la renta nacional, aplicando políticas redistributivas que disminuyeron las desigualdades. La clase trabajadora había adquirido gran poder, por lo que siguió incrementando el nivel de sus demandas. Cuando la clase trabajadora no tiene trabajo (al tener un desempleo alto) lucha por obtenerlo; cuando lo tiene, pugna por buenos salarios y buenas condiciones de trabajo, y cuando alcanza esto último, quiere tener una voz en la decisión de cómo realizar el trabajo y cómo gestionar la empresa. Durante el periodo 1945-1979, el nivel de demandas y conquistas laborales había ido aumentando a medida que la clase trabajadora iba consiguiendo sus peticiones, resultado de su mayor poder. La clase empresarial estaba a la defensiva; era consciente de que estaba perdiendo poder y, como siempre ocurre, respondió en la década de 1970.
Las políticas en defensa de la clase burguesa trajeron como consecuencia un cambio en las relaciones de poder que permitió que las desigualdades sociales crecieran de una manera muy marcada durante el periodo liberal. La burguesía vio sus ingresos crecer de una manera muy notable a costa de los ingresos de la clase trabajadora. El mundo empresarial recuperó su enorme poder político desarrollando políticas públicas de las que se beneficiaron enormemente. El neoliberalismo fue así, la ideología de las burguesías.
La explicación de dichos cambios es aún más reveladora analizando el devenir de la sociedad norteamericana en el período. El porcentaje de la renta nacional (PBI) que tenía la clase trabajadora (60 por ciento de la población), pasó de ser el 35 por ciento en el año 2000 al 29 por ciento en 2005. De ahí que la población se viera forzada a pedir prestado a los bancos y a tener tarjetas de crédito, con lo cual la deuda de las clases populares fue creciendo en la manera en que el porcentaje de su renta fue disminuyendo. El endeudamiento de los trabajadores fue creciendo de forma sustancial, en especial en el sector inmobiliario: para comprar una vivienda, la deuda de una persona pasó de representar el 90 por ciento de su renta personal (después de pagar impuestos) en los años 1990, al 140 por ciento en 2006, y ello como consecuencia del crecimiento especulativo del precio de la vivienda. El gobierno federal facilitaba este endeudamiento bajando los intereses, que pasaron de un 5,1 por ciento en los años 1990 a sólo un 1,4 por ciento a partir de 2002. Se creó así una nueva burbuja, la burbuja inmobiliaria, que al explotar fue uno de los causantes de la crisis actual.
Entonces, la gran polarización en la distribución del PBI, con disminución del porcentaje que las rentas del trabajo representan del total de la renta nacional ha sido la causa de las crisis económica y financiera actuales. La escasez de capacidad adquisitiva de las clases populares ha creado un problema grave de insuficiente demanda, responsable del escaso crecimiento económico. Y los exuberantes beneficios de la banca han derivado primordialmente de inversiones especulativas, creándose el complejo capital financiero-inmobiliarias (construcción) responsable de los elevados precios de la vivienda, incrementándose todavía más el gran endeudamiento de las clases populares.
Este sistema da poder a los lobbies económicos y financieros, los que a su vez financian a los partidos políticos mayoritarios de Estados Unidos, haciendo sentir su influencia en el desarrollo de las políticas liberales. Hace un cuarto de siglo, las 200 más grandes corporaciones estadounidenses hacían negocios financieros y los mismos representaban cerca del 10 por ciento de sus beneficios. En la actualidad, esos beneficios están entre el 40 y 45 por ciento. En los últimos treinta años, las empresas productivas llevaron adelante esa reconversión porque, como se ha citado, hubo una desaceleración de la demanda y los excedentes de capital se fueron destinando al sector financiero. Las instituciones financieras funcionan en este contexto como un instrumento del propio sistema para conseguir superar las crisis de sobreproducción de las que hablaba Marx. La economía capitalista realmente existente privilegia, de este modo, la inversión especulativa, en las que ha predominado el enriquecimiento rápido y fácil, a la reinversión productiva de las utilidades, convirtiéndose el capitalismo en un sistema que destruye fuerzas productivas.
La segunda de las causas citadas actúa como complemento al funcionamiento del capitalismo contemporáneo. El reordenamiento de la economía capitalista fue acompañado de cambios en el sistema financiero que aumentaron el poder de la banca y dejaron de proteger los ahorros que la población tenía en los bancos. La desregulación permitió que el perdedor fuese el ciudadano que coloca sus ahorros en la banca, y que son utilizados por los banqueros para especular con aquel dinero, con un aseguramiento nulo o muy bajo. La banca pudo hacer prácticamente lo que quiso. En el momento de explosión inmobiliaria (julio de 2007), los bancos ofrecían hipotecas en términos sorprendentemente fáciles que luego se convirtieron en tóxicos al no poder pagarse, en parte debido al enorme problema del endeudamiento explicado en la primera parte de este artículo. Ahí está el origen de la actual crisis financiera.
Estados Unidos ha ampliado su colchón de seguridad empresarial de una forma que no tiene precedentes, desde los bancos comerciales hasta los de inversión, luego a los seguros y ahora a los automóviles, sin que haya un límite a la asistencia social a las empresas. Los ricos y poderosos acuden al gobierno para que les ayude siempre que pueden, mientras que los individuos necesitados reciben poca protección social. El gobierno de Obama ha confundido rescatar a los banqueros y sus accionistas con rescatar los bancos. La falta de planificación y de análisis de las consecuencias de los rescates de empresas, contribuirá a la tendencia natural del capital a concentrarse en el sistema capitalista, por lo que se espera como consecuencia de la crisis, un sistema económico menos competitivo y en el que las grandes multinacionales que eran demasiado grandes para hundirse serán aún más grandes.
Según la lógica expuesta, cuando las grandes empresas se hunden, el gobierno destina el dinero de los impuestos que paga todo el pueblo para rescatarlas. El funcionamiento del sistema continúa, y si las empresas logran nuevos beneficios, se largan con la recaudación; si les sale mal, el pueblo vuelve a pagar la cuenta.
A modo de síntesis, es necesario exponer que la actual no es sólo una crisis financiera sino también una crisis energética, alimentaria y ambiental que está adquiriendo una dimensión realmente preocupante, pues afecta, como siempre, a los más vulnerables. Sólo en Estados Unidos en el pasado mes de junio hubo 467 mil puestos de trabajo eliminados, llegando la desocupación al 9,5 por ciento, a lo que debe sumársele el crecimiento vertiginoso de las familias sin techo. Lo que algunos han enunciado como crisis financiera es mucho más que eso: es una crisis global, pues supone el agotamiento de un sistema cuyas consecuencias son la pobreza, el hambre y la exclusión social; la prosperidad de una minoría de la población mundial que se asienta en el sufrimiento de tantos. Esta crisis no se puede solucionar sólo con medidas de política económica, sino que es necesario plantearse otros modos de vivir y consumir. No estamos solamente ante una crisis financiera sino ante algo mucho más profundo: un sistema económico mundial desigual y depredador de la naturaleza y del propio ser humano.
Creemos necesaria la convocatoria a la clase trabajadora de todo el mundo, pues sólo identificándonos como pares podremos lograr una participación aunada en el combate contra el capitalismo, debiendo ante todo comportarnos individual y colectivamente como revolucionarios que somos, mostrando con nuestro ejemplo de lucha diaria que sólo así y en la unión venceremos.
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viernes, 10 de julio de 2009
ALGUNAS CONCLUSIONES SOBRE LAS ELECCIONES 2009
Las elecciones legislativas de Junio de 2009 nos han dejado algunas conclusiones sobre el estado actual de la lucha de clases en nuestro país.
En primer lugar los resultados arrojaron una derrota del Gobierno: han sido derrotados el Gobierno Nacional, el Partido Justicialista, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y los Intendentes del Conurbano Bonaerense. Es cierto, como dijo la Presidenta en su discurso pos derrota, que han sido la fuerza a nivel nacional más votada, con 5.800.000 votos aproximadamente. Lo que no dijo, es que esto representa 2.800.000 votos menos que en las elecciones de 2007. Y, lo que no es menos importante, que el caudal de votos obtenidos en estas elecciones representa sólo el 18% del padrón total de votantes nacionales. Por lo que es evidente que el apoyo a la gestión del gobierno actual es ínfima.
El voto castigo se hizo presente una vez más. Como viene sucediendo en las últimas elecciones hay una gran volatilidad electoral; ya no hay un voto cautivo. La gente utiliza el voto para castigar al gobernante de turno, sin importar mucho a quien va ese voto.
No obstante la burguesía nos demuestra una vez más que tiene sus figuras de recambio. Luego de estas elecciones, se proyectan para una futura presidencia, personajes como Cobos, Macri, De Narváez, Solá, Reuteman. En definitiva, esto nos demuestra que el “Partido de la Burguesía” siempre está vigente, a diferencia del “Partido de los Trabajadores”, cuya conformación está pendiente.
Al no tener los trabajadores una herramienta, un partido que sea de los trabajadores y para los trabajadores, el importante voto negativo no puede ser encausado en una expresión verdaderamente revolucionaria. En las últimas elecciones, el voto negativo fue la principal fuerza: un 30 % del padrón se abstuvo de ir a votar (aproximadamente 7.800.000 personas) sumados a los 980.000 votos en blanco, posiciona al voto negativo como la principal opción del electorado (3 millones más que la primera minoría representada por el partido del Gobierno).
Desde 1983 en adelante la abstención en las elecciones se ha ido profundizando. En 1983, al volver la democracia, concurrió a votar el 85,61 % del padrón, en las elecciones de 1991 el 79,83 % del padrón, en el 2001 el 73,62 % y en las pasadas elecciones, sólo concurrió a votar el 71,29 % de los empadronados. Dentro de esta postura (el voto negativo) seguramente no hay una homogeneidad en las ideas, pero lo que es indudable, que se están expresando de manera negativa al circo electoral, y seguramente, un porcentaje importante de este sector pretende un cambio. Esto no va a ser posible mientras no exista la organización de y para los trabajadores.
Los partidos de pseudo izquierda siguen en su tobogán hacia la extinción. Entre todas las expresiones de la autodenominada izquierda argentina obtuvieron el 1,7 % de los votos. Sus ambiciones electoraleras, el abandono de las verdaderas causas que oprimen a los trabajadores, han hecho que elección a elección saquen menos votos.
CONCLUSIONES
El lunes después de las elecciones, todos los dirigentes políticos se preocuparon en sostener que hay que garantizar la gobernabilidad. Una vez más vemos como la burguesía cierra filas ante el peligro de nuevos estallidos sociales. Al no haber un “Gran Ganador” en las legislativas, deben limar sus asperezas insignificantes y unirse nuevamente para garantizar que el capitalismo sobreviva a esta nueva crisis, así como a las crisis venideras.
Estos resultados han decretado el fin de una época iniciada en el 2003, caracterizada principalmente por las concesiones a empresarios amigos del poder, por subsidios a grandes grupos económicos y también el fin de una época que marco una leve recuperación del salario, que corre desde atrás a la inflación.
Por lo tanto, la nueva época que se inició el mismo lunes 29 de junio, nos trae un fuerte ajuste, que una vez más vamos a pagar los trabajadores. En lo inmediato tenemos aumentos de alimentos, combustibles, prepagas, seguros de automóviles, escuelas privadas. Una fuerte ola de despidos que ya se ha iniciado en el sector informal y que los diferentes analistas del establishment aseguran que para fin de año llegará al sector formal.
En definitiva, estas elecciones han demostrado el descalabro de la sociedad actual, la descomposición de nuestra sociedad y la falta de una opción obrera, de los explotados del sistema a quienes intentará la burguesía hacer correr con el precio de la crisis en curso y las venideras.
Es por esto que mientras la clase trabajadora sigua sin contar con un partido que la represente, un partido con una doctrina revolucionaria basado en la lucha de clases, un partido que defienda los intereses de los trabajadores y que le discuta el poder a la burguesía, vamos a seguir viendo como se prestan el sillón presidencial los De Narváez, los Kirchner, los Cobos, los Solá, los Macri, los Reuteman, a costa del sacrificio de los trabajadores.
En primer lugar los resultados arrojaron una derrota del Gobierno: han sido derrotados el Gobierno Nacional, el Partido Justicialista, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y los Intendentes del Conurbano Bonaerense. Es cierto, como dijo la Presidenta en su discurso pos derrota, que han sido la fuerza a nivel nacional más votada, con 5.800.000 votos aproximadamente. Lo que no dijo, es que esto representa 2.800.000 votos menos que en las elecciones de 2007. Y, lo que no es menos importante, que el caudal de votos obtenidos en estas elecciones representa sólo el 18% del padrón total de votantes nacionales. Por lo que es evidente que el apoyo a la gestión del gobierno actual es ínfima.
El voto castigo se hizo presente una vez más. Como viene sucediendo en las últimas elecciones hay una gran volatilidad electoral; ya no hay un voto cautivo. La gente utiliza el voto para castigar al gobernante de turno, sin importar mucho a quien va ese voto.
No obstante la burguesía nos demuestra una vez más que tiene sus figuras de recambio. Luego de estas elecciones, se proyectan para una futura presidencia, personajes como Cobos, Macri, De Narváez, Solá, Reuteman. En definitiva, esto nos demuestra que el “Partido de la Burguesía” siempre está vigente, a diferencia del “Partido de los Trabajadores”, cuya conformación está pendiente.
Al no tener los trabajadores una herramienta, un partido que sea de los trabajadores y para los trabajadores, el importante voto negativo no puede ser encausado en una expresión verdaderamente revolucionaria. En las últimas elecciones, el voto negativo fue la principal fuerza: un 30 % del padrón se abstuvo de ir a votar (aproximadamente 7.800.000 personas) sumados a los 980.000 votos en blanco, posiciona al voto negativo como la principal opción del electorado (3 millones más que la primera minoría representada por el partido del Gobierno).
Desde 1983 en adelante la abstención en las elecciones se ha ido profundizando. En 1983, al volver la democracia, concurrió a votar el 85,61 % del padrón, en las elecciones de 1991 el 79,83 % del padrón, en el 2001 el 73,62 % y en las pasadas elecciones, sólo concurrió a votar el 71,29 % de los empadronados. Dentro de esta postura (el voto negativo) seguramente no hay una homogeneidad en las ideas, pero lo que es indudable, que se están expresando de manera negativa al circo electoral, y seguramente, un porcentaje importante de este sector pretende un cambio. Esto no va a ser posible mientras no exista la organización de y para los trabajadores.
Los partidos de pseudo izquierda siguen en su tobogán hacia la extinción. Entre todas las expresiones de la autodenominada izquierda argentina obtuvieron el 1,7 % de los votos. Sus ambiciones electoraleras, el abandono de las verdaderas causas que oprimen a los trabajadores, han hecho que elección a elección saquen menos votos.
CONCLUSIONES
El lunes después de las elecciones, todos los dirigentes políticos se preocuparon en sostener que hay que garantizar la gobernabilidad. Una vez más vemos como la burguesía cierra filas ante el peligro de nuevos estallidos sociales. Al no haber un “Gran Ganador” en las legislativas, deben limar sus asperezas insignificantes y unirse nuevamente para garantizar que el capitalismo sobreviva a esta nueva crisis, así como a las crisis venideras.
Estos resultados han decretado el fin de una época iniciada en el 2003, caracterizada principalmente por las concesiones a empresarios amigos del poder, por subsidios a grandes grupos económicos y también el fin de una época que marco una leve recuperación del salario, que corre desde atrás a la inflación.
Por lo tanto, la nueva época que se inició el mismo lunes 29 de junio, nos trae un fuerte ajuste, que una vez más vamos a pagar los trabajadores. En lo inmediato tenemos aumentos de alimentos, combustibles, prepagas, seguros de automóviles, escuelas privadas. Una fuerte ola de despidos que ya se ha iniciado en el sector informal y que los diferentes analistas del establishment aseguran que para fin de año llegará al sector formal.
En definitiva, estas elecciones han demostrado el descalabro de la sociedad actual, la descomposición de nuestra sociedad y la falta de una opción obrera, de los explotados del sistema a quienes intentará la burguesía hacer correr con el precio de la crisis en curso y las venideras.
Es por esto que mientras la clase trabajadora sigua sin contar con un partido que la represente, un partido con una doctrina revolucionaria basado en la lucha de clases, un partido que defienda los intereses de los trabajadores y que le discuta el poder a la burguesía, vamos a seguir viendo como se prestan el sillón presidencial los De Narváez, los Kirchner, los Cobos, los Solá, los Macri, los Reuteman, a costa del sacrificio de los trabajadores.
martes, 7 de julio de 2009
A 132 AÑOS DE LA PRIMERA GRAN HUELGA DE TRABAJADORES EN EE.UU.: EL CAPITALISMO QUE NO CAMBIA
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, el acelerado proceso de desarrollo capitalista dio lugar al surgimiento de grandes empresas monopólicas que pronto lograron hacerse del control de amplios sectores productivos; en norteamérica, el elemento simbólico de esta transición a un capitalismo monopolista fue la industria ferroviaria: conforme los ferrocarriles se hicieron indispensables para asegurar el éxito económico del país, un reducido grupo de capitalistas fue concentrando en sus manos el dominio de todas las ramas productivas vinculadas a éste.Así, poco tiempo bastó para que tres compañías ferroviarias lograran acumular grandes fortunas a costa de la ruina de cientos de obreros sometidos a condiciones inhumanas de trabajo, al amparo de un Estado que garantizaba a los capitalistas el máximo grado de explotación de la fuerza de trabajo.En este contexto, frente a los insoportables atropellos diarios, estalló, en junio de 1877, la primera gran huelga de trabajadores en EEUU -considerada una de las más importantes a nivel mundial hasta entonces-, que pronto se extendió a casi la totalidad de los sectores productivos del país, paralizando las actividades económicas de la nación que ya se perfilaba como potencia mundial.
La situación de la clase trabajadora hacia la década de 1870 en Estados Unidos era deplorable y no cesaba de empeorar: más de 5 millones de individuos estaban desempleados, y los que tenían trabajo, no estaban mejor.Respecto a aquellos que se desempeñaban en la industria ferroviaria -de número creciente debido al colosal tamaño de este sector- percibían salarios en continuo descenso, que no bastaban para pagar las deudas contraídas con sus patrones (a cuenta del hospedaje en los hoteles de las compañias, dado que se les exigía estar siempre disponibles), con lo cual se hacían frecuentes las obligaciones no remuneradas, a esto sumado los padecimientos propios de una ocupación altamente riesgosa.Sin organización ni protección sindical de ningún tipo, los trabajadores sólo podían recurrir a débiles protestas que eran sofocadas prontamente por los ejércitos privados de las empresas, con la ayuda, muchas veces, de las fuerzas represivas federales.
Tal como estaban las cosas sólo faltaba una nueva disposición capitalista en contra de los trabajadores para que se sucitara el estallido de una protesta masiva; y así fue: una reducción salarial decretada en marzo de ese mismo año -para paliar los efectos de uno de los tantos ciclos depresivos de la economía capitalista- desató el comienzo de la gran huelga.Con centro en Chicago -foco industrial y ferroviario del medio oeste- y Mertinsburg (Virginia Occidental) ésta se expandió rápidamente hacia las principales ciudades nortamericanas, captando la adhesión de numerosas fábricas, minas y refinerías.Desatada la represión de las fuerzas estatales y privadas, la solidaridad y el descontento alcanzó a gran parte de la población, enfurecida por la brutalidad policial (esta última legitimada por la prensa yanqui que no tardó en calificar a la huelga de “conspiración comunista”); en pocos días, decenas de trabajadores murieron en manos de la policía.Finalmente, esta huelga sin precedentes en la historia del país, concluyó en julio de 1877 cuando la milicia estatal tomó por asalto el lugar de reunión del Comité de Huelga, dejando centenares de muertos, detenidos, despidos, reducciones salariales y “listas negras”.Raudamente, los capitalistas exigieron una Legislación más restrictiva contra pobres y huelguistas y un aumento de la intervención estatal mediante el incremento de las fuerzas represivas.
Pese a las pérdidas y derrota final -acaso por su carácter espontáneo, tal vez porque careció de un instrumento político de guía y organización- esta valerosa lucha contra las atrocidades de los monopolios capitalistas, con la cual se identificó gran parte de la población, demostró a la clase obrera su propia fuerza, convirtiéndose en el punto de partida para la organización política y sindical del movimiento obrero norteamericano.
Ésta, como tantas otras manifestaciones de los trabajadores contra la explotación del capital, comprueba: por un lado, que las periódicas crisis por las que atraviesa el capitalismo –que el mismo sistema genera- terminan por hundir todavía más a los trabajadores en la misera, quienes pagan las consecuencias cada vez más nefastas de las mismas.Por otra parte, vemos confirmado, una vez más, el papel del Estado, siempre funcional a los requerimientos de las clases dominantes, en este caso, de los monopolios norteamericanos.Además, damos cuenta cómo en escencia el capitalismo no ha cambiado, no ha modificado sus métodos coercitivos: si bien hoy en día las empresas no disponen de ejércitos propios, no faltan los grupos de “apriete”, los “rompe-huelgas”, las “listas negras”... y tampoco las fuerzas de represión del mismo Estado.Por último -lo más importante- éste, como otros, es uno de los tantos ejemplos que confirman que los trabajadores sostenemos al capitalismo, generamos toda la riqueza sobre la cual los capitalistas fundan su poder: así como somos capaces de poner en funcionamiento enormes y poderosas fuerzas productivas, somos capaces, también, de detenerlas.Si aún sin conducción, los trabajadores han demostrado que pueden hacer tambalear a la estructuctura capitalista (paralizando, por ejemplo, la industria de una potencia mundial)...¿qué no podríamos lograr nosotros, los trabajadores, organizados en torno a un instrumento de conducción y unión?
La situación de la clase trabajadora hacia la década de 1870 en Estados Unidos era deplorable y no cesaba de empeorar: más de 5 millones de individuos estaban desempleados, y los que tenían trabajo, no estaban mejor.Respecto a aquellos que se desempeñaban en la industria ferroviaria -de número creciente debido al colosal tamaño de este sector- percibían salarios en continuo descenso, que no bastaban para pagar las deudas contraídas con sus patrones (a cuenta del hospedaje en los hoteles de las compañias, dado que se les exigía estar siempre disponibles), con lo cual se hacían frecuentes las obligaciones no remuneradas, a esto sumado los padecimientos propios de una ocupación altamente riesgosa.Sin organización ni protección sindical de ningún tipo, los trabajadores sólo podían recurrir a débiles protestas que eran sofocadas prontamente por los ejércitos privados de las empresas, con la ayuda, muchas veces, de las fuerzas represivas federales.
Tal como estaban las cosas sólo faltaba una nueva disposición capitalista en contra de los trabajadores para que se sucitara el estallido de una protesta masiva; y así fue: una reducción salarial decretada en marzo de ese mismo año -para paliar los efectos de uno de los tantos ciclos depresivos de la economía capitalista- desató el comienzo de la gran huelga.Con centro en Chicago -foco industrial y ferroviario del medio oeste- y Mertinsburg (Virginia Occidental) ésta se expandió rápidamente hacia las principales ciudades nortamericanas, captando la adhesión de numerosas fábricas, minas y refinerías.Desatada la represión de las fuerzas estatales y privadas, la solidaridad y el descontento alcanzó a gran parte de la población, enfurecida por la brutalidad policial (esta última legitimada por la prensa yanqui que no tardó en calificar a la huelga de “conspiración comunista”); en pocos días, decenas de trabajadores murieron en manos de la policía.Finalmente, esta huelga sin precedentes en la historia del país, concluyó en julio de 1877 cuando la milicia estatal tomó por asalto el lugar de reunión del Comité de Huelga, dejando centenares de muertos, detenidos, despidos, reducciones salariales y “listas negras”.Raudamente, los capitalistas exigieron una Legislación más restrictiva contra pobres y huelguistas y un aumento de la intervención estatal mediante el incremento de las fuerzas represivas.
Pese a las pérdidas y derrota final -acaso por su carácter espontáneo, tal vez porque careció de un instrumento político de guía y organización- esta valerosa lucha contra las atrocidades de los monopolios capitalistas, con la cual se identificó gran parte de la población, demostró a la clase obrera su propia fuerza, convirtiéndose en el punto de partida para la organización política y sindical del movimiento obrero norteamericano.
Ésta, como tantas otras manifestaciones de los trabajadores contra la explotación del capital, comprueba: por un lado, que las periódicas crisis por las que atraviesa el capitalismo –que el mismo sistema genera- terminan por hundir todavía más a los trabajadores en la misera, quienes pagan las consecuencias cada vez más nefastas de las mismas.Por otra parte, vemos confirmado, una vez más, el papel del Estado, siempre funcional a los requerimientos de las clases dominantes, en este caso, de los monopolios norteamericanos.Además, damos cuenta cómo en escencia el capitalismo no ha cambiado, no ha modificado sus métodos coercitivos: si bien hoy en día las empresas no disponen de ejércitos propios, no faltan los grupos de “apriete”, los “rompe-huelgas”, las “listas negras”... y tampoco las fuerzas de represión del mismo Estado.Por último -lo más importante- éste, como otros, es uno de los tantos ejemplos que confirman que los trabajadores sostenemos al capitalismo, generamos toda la riqueza sobre la cual los capitalistas fundan su poder: así como somos capaces de poner en funcionamiento enormes y poderosas fuerzas productivas, somos capaces, también, de detenerlas.Si aún sin conducción, los trabajadores han demostrado que pueden hacer tambalear a la estructuctura capitalista (paralizando, por ejemplo, la industria de una potencia mundial)...¿qué no podríamos lograr nosotros, los trabajadores, organizados en torno a un instrumento de conducción y unión?
viernes, 19 de junio de 2009
EL CORDOBAZO: 40 AÑOS
El 29 de mayo pasado se cumplieron 40 años del Cordobazo, uno de los hechos más importantes en la historia de la Argentina, donde los trabajadores cordobeses, con el apoyo de los estudiantes, enfrentaron a la dictadura militar de Onganía.
La burocracia sindical actual hizo oídos sordos a este recordatorio, a pesar de ser un ejemplo de organización y lucha de la clase trabajadora.
Desde la O.T.M. queremos recordar el Cordobazo, no como un recuerdo nostálgico, sino como una enseñanza y una muestra que la única salida a todos los males de la clase trabajadora, es la UNIDAD, ORGANIZACIÓN Y LUCHA DE TODOS LOS OBREROS.
La burocracia sindical actual hizo oídos sordos a este recordatorio, a pesar de ser un ejemplo de organización y lucha de la clase trabajadora.
Desde la O.T.M. queremos recordar el Cordobazo, no como un recuerdo nostálgico, sino como una enseñanza y una muestra que la única salida a todos los males de la clase trabajadora, es la UNIDAD, ORGANIZACIÓN Y LUCHA DE TODOS LOS OBREROS.
martes, 16 de junio de 2009
SOBRE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES
El 28 de junio se renovarán parcialmente los cuerpos parlamentarios del país. No existiendo todavía una organización política que represente y defienda los intereses de los trabajadores, la disputa será, una vez más, entre distintas vertientes del capital.
Mientras se sigue profundizando la crisis mundial del sistema capitalista, la burguesía argentina marcha al compás de la música que se toca en los grandes conciertos internacionales. La reunión del G20 de abril dejó bien en claro donde estarán puestos los esfuerzos de los estados burgueses: en fortalecer al Fondo Monetario Internacional, es decir, remozar a un zorro conocido para que venga una vez más, a alimentarse del esfuerzo de los trabajadores y los sectores populares. En ese sentido luego del 28 de junio, los aumentos en las tarifas de los servicios serán un hecho consumado. Mientras tanto, los trabajadores luchan por sus puestos de trabajo y por aumentos salariales, pues los sueldos no aumentan al compás de la inflación que, impunemente, intenta ocultar el INDEC con sus consabidos mentirosos índices. Los trabajadores han comenzado a romper el paisaje turístico de las ciudades del país, efectuando reclamos justos y comienzan a ser concientes de que la crisis la estamos pagando nosotros. Maestros, obreros metalúrgicos, trabajadores del Subte, trabajadores de la salud, gastronómicos, taxistas, han salido a las calles sin descanso. Ford anunció el despido de 330 trabajadores para el 1º de Mayo y los burócratas sindicales ni siquiera se pusieron colorados para decir que “Los niveles de producción no cayeron tanto como para intentar echar esa cantidad de obreros”, es decir, los despedidos deberían haber sido algunos menos... Es que el pez por la boca muere. El sinfín de reclamos salariales presagia lo que vendrá cuando se agudice la crisis. La burguesía y su gobierno lo saben. Por eso no dudan en apelar a verdaderos salvavidas de plomo como posibles diques de contención. Moyano y sus muchachos del camión organizaron un falso festejo del día del trabajador el 30 de abril. Falso porque de lo que menos habló Moyano fue de los trabajadores: todo su discurso estuvo dirigido a convencer a los concurrentes para que votaran al partido justicialista. En un desfachatado discurso retrógrado intentó vanagloriar los avances “nacionales y populares” de un gobierno que hace más de lo mismo que todos aquellos que lo antecedieron: protegiendo a las grandes empresas, los bancos, los pools de la soja (cuyos representantes más conspicuos han callado repentinamente) y congelando salarios de hambre, jubilaciones de miseria y planes para desocupados con cifras que rayan en el absurdo y no alcanzan ni para una semana de supervivencia de una familia; aumentando el monotributo a la pequeña burguesía y los trabajadores cuyos salarios se negrean en las empresas públicas bajo el manto de la facturación como independientes; retorciendo los índices de inflación a través de datos falsos publicados por el INDEC; perdonando y publicitando el perdón a las patronales en su maldita prensa burguesa que, a través de sus canales de televisión muestran a un patrón “bueno” que les avisa a sus obreros que están en blanco, como si fuera un hecho caritativo hacia ellos y no un derecho de los trabajadores conseguido a fuerza de luchas que costaron la sangre de muchos obreros y proletarios. De eso no habló Moyano quien debería recordar las palabras de su general de que son los pueblos los que hacen tronar el escarmiento y los que marchan con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes...
Las elecciones fueron adelantadas porque la burguesía necesita legitimar su decisión política de aplicar las medidas de ajuste que tiene pensadas para nosotros para pagar su crisis y que exigirán mayor represión para garantizarlas.
¿Puede representar a los trabajadores un De Nárvaez, ex propietario de Casa Tía, que amenazó con el despido a los trabajadores de “El Cronista” porque no le gustaron sus reclamos? ¿Puede representar a los trabajadores un Felipe Solá, no sólo el que dio vía libre a la soja transgénica, sino quien, con la venia de Scioli, mantuvo negocios turbios vinculados con la pesca? ¿Puede representar a los trabajadores un Kirchner, el mismo que durante su gobierno puso en vigencia una ley laboral que mantiene los contratos basura que promueven la inestabilidad laboral y favorecen la explotación? ¿Puede representar a los trabajadores Elisa Carrió que jamás se acuerda de que existen, como buena señora gorda de la burguesía...? ¿Puede representar a los trabajadores Nacha Guevara, actriz de la “nueva era” que es capaz de sostener impunemente “yo no estoy para hablar de política, ni sé mucho de política”?
¿Algo nuevo? Decididamente, no. La burguesía, en la desesperación por salvarse ya no guarda ni siquiera las apariencias. Nunca estuvo tan al descubierto, tan al desnudo, como ahora. Cualquier recurso le viene bien para intentar contener lo que vendrá, frenar las luchas venideras. Sin embargo, no se puede tapar el sol con la mano: la lucha de clases avanza, pese a todos los intentos desesperados por postergarla, esconderla o contenerla.
A su vez y mientras tanto, el proletariado tiene su propio compás para la marcha: avanza, con paso lento, hacia una búsqueda de vida mejor. Aún son sólo indicios los que podemos ver en el acontecer diario, pero, sin embargo, la clase obrera avanza sin prisa, pero también sin pausa. Se equivocan aquellos que sostienen que no existen los obreros. Se equivocan los que creen todas las noticias que la burguesía se ufana en propagar por sus medios de comunicación. Se equivocan los que no ponen sus esperanzas en la capacidad de organización de este pueblo que ha sido capaz de producir un Cordobazo hace bastante tiempo y ha podido voltear cinco presidentes en sólo una semana, hace menos de ocho años.
En ellos ponemos los ojos quienes creemos que la crisis capitalista no nos ofrecerá ninguna salida y sólo nos provocará mayores sufrimientos. En ellos, que somos nosotros mismos, tenemos puestos nuestros ojos y brazos confiando en que la salida está en nuestras propias manos y que es cuestión de organizar, organizar y organizar.
Las próximas elecciones, con sus candidatos nuevamente maquillados para la televisión, las encuestas de intención de voto o las tapas de las revistas que los propagandizan como única salida, no deben engañarnos. Todos debemos tener claro que ninguna elección cambiará la determinación de la burguesía de cargar sobre nuestras espaldas el peso de su crisis que recrudece y quedará expuesta sin maquillaje posible apenas un día después de terminados los comicios. No habrá urnas que cambien esa determinación que es la misma de siempre: engordar sus bolsillos con nuestra explotación, vivir en sus countrys con el producto de nuestro trabajo, pagar sus campañas con nuestros impuestos, laudar sus juicios con sus jueces en nuestro perjuicio, pagar sus fuerzas armadas y policías también con nuestro aporte para que luego nos repriman, dirimir sus diferencias cargando su costo sobre nuestros hombros y acrecentando nuestras necesidades. Debemos tener claro que ninguno de ellos se propone sacarnos de la miseria que se acrecienta, porque la “democracia” de su estado burgués, como representante y administrador de sus intereses de clase, está pensada para garantizar la continuidad en el poder de la clase dominante, lo que les permite explotarnos, vivir de nuestro trabajo y reprimirnos cuando reclamamos.
Justamente porque estamos convencidos de que las elecciones son la legitimación que necesita la burguesía, es que seguimos sosteniendo, como el 40% del electorado, que no tenemos que votar, porque ése no es nuestro juego. Por eso lamentamos que, nuevamente, la pseudo izquierda se preste con sus frentitos, aliancitas, acuerditos varios, para ver si alguno liga sólo una migaja del banquete burgués, pues ninguno de ellos cambiará la correlación de fuerzas a través de las urnas.
Mientras se sigue profundizando la crisis mundial del sistema capitalista, la burguesía argentina marcha al compás de la música que se toca en los grandes conciertos internacionales. La reunión del G20 de abril dejó bien en claro donde estarán puestos los esfuerzos de los estados burgueses: en fortalecer al Fondo Monetario Internacional, es decir, remozar a un zorro conocido para que venga una vez más, a alimentarse del esfuerzo de los trabajadores y los sectores populares. En ese sentido luego del 28 de junio, los aumentos en las tarifas de los servicios serán un hecho consumado. Mientras tanto, los trabajadores luchan por sus puestos de trabajo y por aumentos salariales, pues los sueldos no aumentan al compás de la inflación que, impunemente, intenta ocultar el INDEC con sus consabidos mentirosos índices. Los trabajadores han comenzado a romper el paisaje turístico de las ciudades del país, efectuando reclamos justos y comienzan a ser concientes de que la crisis la estamos pagando nosotros. Maestros, obreros metalúrgicos, trabajadores del Subte, trabajadores de la salud, gastronómicos, taxistas, han salido a las calles sin descanso. Ford anunció el despido de 330 trabajadores para el 1º de Mayo y los burócratas sindicales ni siquiera se pusieron colorados para decir que “Los niveles de producción no cayeron tanto como para intentar echar esa cantidad de obreros”, es decir, los despedidos deberían haber sido algunos menos... Es que el pez por la boca muere. El sinfín de reclamos salariales presagia lo que vendrá cuando se agudice la crisis. La burguesía y su gobierno lo saben. Por eso no dudan en apelar a verdaderos salvavidas de plomo como posibles diques de contención. Moyano y sus muchachos del camión organizaron un falso festejo del día del trabajador el 30 de abril. Falso porque de lo que menos habló Moyano fue de los trabajadores: todo su discurso estuvo dirigido a convencer a los concurrentes para que votaran al partido justicialista. En un desfachatado discurso retrógrado intentó vanagloriar los avances “nacionales y populares” de un gobierno que hace más de lo mismo que todos aquellos que lo antecedieron: protegiendo a las grandes empresas, los bancos, los pools de la soja (cuyos representantes más conspicuos han callado repentinamente) y congelando salarios de hambre, jubilaciones de miseria y planes para desocupados con cifras que rayan en el absurdo y no alcanzan ni para una semana de supervivencia de una familia; aumentando el monotributo a la pequeña burguesía y los trabajadores cuyos salarios se negrean en las empresas públicas bajo el manto de la facturación como independientes; retorciendo los índices de inflación a través de datos falsos publicados por el INDEC; perdonando y publicitando el perdón a las patronales en su maldita prensa burguesa que, a través de sus canales de televisión muestran a un patrón “bueno” que les avisa a sus obreros que están en blanco, como si fuera un hecho caritativo hacia ellos y no un derecho de los trabajadores conseguido a fuerza de luchas que costaron la sangre de muchos obreros y proletarios. De eso no habló Moyano quien debería recordar las palabras de su general de que son los pueblos los que hacen tronar el escarmiento y los que marchan con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes...
Las elecciones fueron adelantadas porque la burguesía necesita legitimar su decisión política de aplicar las medidas de ajuste que tiene pensadas para nosotros para pagar su crisis y que exigirán mayor represión para garantizarlas.
¿Puede representar a los trabajadores un De Nárvaez, ex propietario de Casa Tía, que amenazó con el despido a los trabajadores de “El Cronista” porque no le gustaron sus reclamos? ¿Puede representar a los trabajadores un Felipe Solá, no sólo el que dio vía libre a la soja transgénica, sino quien, con la venia de Scioli, mantuvo negocios turbios vinculados con la pesca? ¿Puede representar a los trabajadores un Kirchner, el mismo que durante su gobierno puso en vigencia una ley laboral que mantiene los contratos basura que promueven la inestabilidad laboral y favorecen la explotación? ¿Puede representar a los trabajadores Elisa Carrió que jamás se acuerda de que existen, como buena señora gorda de la burguesía...? ¿Puede representar a los trabajadores Nacha Guevara, actriz de la “nueva era” que es capaz de sostener impunemente “yo no estoy para hablar de política, ni sé mucho de política”?
¿Algo nuevo? Decididamente, no. La burguesía, en la desesperación por salvarse ya no guarda ni siquiera las apariencias. Nunca estuvo tan al descubierto, tan al desnudo, como ahora. Cualquier recurso le viene bien para intentar contener lo que vendrá, frenar las luchas venideras. Sin embargo, no se puede tapar el sol con la mano: la lucha de clases avanza, pese a todos los intentos desesperados por postergarla, esconderla o contenerla.
A su vez y mientras tanto, el proletariado tiene su propio compás para la marcha: avanza, con paso lento, hacia una búsqueda de vida mejor. Aún son sólo indicios los que podemos ver en el acontecer diario, pero, sin embargo, la clase obrera avanza sin prisa, pero también sin pausa. Se equivocan aquellos que sostienen que no existen los obreros. Se equivocan los que creen todas las noticias que la burguesía se ufana en propagar por sus medios de comunicación. Se equivocan los que no ponen sus esperanzas en la capacidad de organización de este pueblo que ha sido capaz de producir un Cordobazo hace bastante tiempo y ha podido voltear cinco presidentes en sólo una semana, hace menos de ocho años.
En ellos ponemos los ojos quienes creemos que la crisis capitalista no nos ofrecerá ninguna salida y sólo nos provocará mayores sufrimientos. En ellos, que somos nosotros mismos, tenemos puestos nuestros ojos y brazos confiando en que la salida está en nuestras propias manos y que es cuestión de organizar, organizar y organizar.
Las próximas elecciones, con sus candidatos nuevamente maquillados para la televisión, las encuestas de intención de voto o las tapas de las revistas que los propagandizan como única salida, no deben engañarnos. Todos debemos tener claro que ninguna elección cambiará la determinación de la burguesía de cargar sobre nuestras espaldas el peso de su crisis que recrudece y quedará expuesta sin maquillaje posible apenas un día después de terminados los comicios. No habrá urnas que cambien esa determinación que es la misma de siempre: engordar sus bolsillos con nuestra explotación, vivir en sus countrys con el producto de nuestro trabajo, pagar sus campañas con nuestros impuestos, laudar sus juicios con sus jueces en nuestro perjuicio, pagar sus fuerzas armadas y policías también con nuestro aporte para que luego nos repriman, dirimir sus diferencias cargando su costo sobre nuestros hombros y acrecentando nuestras necesidades. Debemos tener claro que ninguno de ellos se propone sacarnos de la miseria que se acrecienta, porque la “democracia” de su estado burgués, como representante y administrador de sus intereses de clase, está pensada para garantizar la continuidad en el poder de la clase dominante, lo que les permite explotarnos, vivir de nuestro trabajo y reprimirnos cuando reclamamos.
Justamente porque estamos convencidos de que las elecciones son la legitimación que necesita la burguesía, es que seguimos sosteniendo, como el 40% del electorado, que no tenemos que votar, porque ése no es nuestro juego. Por eso lamentamos que, nuevamente, la pseudo izquierda se preste con sus frentitos, aliancitas, acuerditos varios, para ver si alguno liga sólo una migaja del banquete burgués, pues ninguno de ellos cambiará la correlación de fuerzas a través de las urnas.
Brevísimas reflexiones luego de un paro dominguero
Hace poco menos de una semana los trabajadores del Estado de la mayor parte de la provincia de Buenos Aires adherimos al paro organizado por la Centra de Trabajadores Argentinos.Los motivos de éste eran varios,algunos relacionados con los reclamos históricos de la CTA,reconocimiento de la personería jurídica,redistribución de la riqueza,asignación universal por hijos,etc ;el otro reclamo importante al que se sumó SUTEBA (así lo anunciaron en su página de Internet)es el de impedir que el IPS (Instituto de Previsión Social) sea absorbido por ANSES ; es aquí, en este punto donde los docentes se suman al reclamo porque ven,temerosos,su futuro hipotecado,si el actual gobierno o los que vendrán,echa mano a estos ahorros.
No es nuestra intención analizar la postura de la CTA en el actual escenario político,ni tampoco realizar una crítica al conjunto de los docentes (del cual formamos parte)sino llamar la atención sobre algunas cuestiones que creemos que ayudarán a legitimar,aún más,cualquier lucha.El paro al cual nos referimos fue,como se dice habitualmente,un paro dominguero,es decir,cada uno se quedó en su casa mientras un grupo de personas (suponemos que delegados y dirigentes gremiales)entregaban un petitorio en la capital provincial. Ante esta situación nos preguntamos,¿por qué no estábamos en las escuelas dando clases,explicando a los alumnos por qué venimos luchando los docentes? o llevando la medida de fuerza,junto a otros docentes,en una jornada de reflexión y discusión política sobre la realidasd educativa.Hay algo que debemos tener en cuenta :los obreros de una fábrica están localizados en un mismo espacio durante,con un poco de suerte,ocho horas ;más allá del nivel de sindicalización y concientización,comparten un espacio de comunicación directa y la lucha es directamente contra un empresario o grupo de empresarios.
En el caso de los docentes,la situación es distinta y creemos que debemos considerar algunos asuntos específicos : en el inmenso universo docente ,no todas/os se consideran trabajadores calificados,el título de profesionales aparece y sirve como un autoexcluyente de la clase obrera ;la figura de patrón parece no existir,somos empleados estatales y aquí se confunde este hecho con la figura de los gobernantes (muchas veces votados por los mismos docentes y apoyados,actualmentemmás o menos indirectamente por la cúpula gremial) ;otra razón es la separación que realiza la burocracia gremial de los docentes y del resto de los trabajadores estatales (auxiliares de educación,dela salud,poder judicial,etc.).
No debemos pasar por alto un aspecto importante cual es el de la dispersión geográfica de las escuelas,así como el de los docentes “taxis” que impiden un conocimiento acerca de lo que pasa con otros compañeros trabajadores,dificulta la comunicación y la existencia de un espacio común de discusión,en el que se construya un territorio de resistencias.
Muchas veces vemos y sentimos que los padres o sectores de la sociedad,nos critican duramente,no los justificamos,pero imaginemos lo difícil que es para quien,impregnado de la lógica capitalista,ve que su hijo pierde días de clase mientras los colegios privados continúan normalmente.Quizás debamos dar explicaciones (no en el sentido de los acusados),abrir las escuelas o reunirnos en las sociedades de fomento,con alumnos y padres ;es necesario unir la brecha abierta entre los docentes y la comunidad educativa,la cual es hábilmente explotada por el gobierno y los medios de (des)información.
Docentes en al OTM
No es nuestra intención analizar la postura de la CTA en el actual escenario político,ni tampoco realizar una crítica al conjunto de los docentes (del cual formamos parte)sino llamar la atención sobre algunas cuestiones que creemos que ayudarán a legitimar,aún más,cualquier lucha.El paro al cual nos referimos fue,como se dice habitualmente,un paro dominguero,es decir,cada uno se quedó en su casa mientras un grupo de personas (suponemos que delegados y dirigentes gremiales)entregaban un petitorio en la capital provincial. Ante esta situación nos preguntamos,¿por qué no estábamos en las escuelas dando clases,explicando a los alumnos por qué venimos luchando los docentes? o llevando la medida de fuerza,junto a otros docentes,en una jornada de reflexión y discusión política sobre la realidasd educativa.Hay algo que debemos tener en cuenta :los obreros de una fábrica están localizados en un mismo espacio durante,con un poco de suerte,ocho horas ;más allá del nivel de sindicalización y concientización,comparten un espacio de comunicación directa y la lucha es directamente contra un empresario o grupo de empresarios.
En el caso de los docentes,la situación es distinta y creemos que debemos considerar algunos asuntos específicos : en el inmenso universo docente ,no todas/os se consideran trabajadores calificados,el título de profesionales aparece y sirve como un autoexcluyente de la clase obrera ;la figura de patrón parece no existir,somos empleados estatales y aquí se confunde este hecho con la figura de los gobernantes (muchas veces votados por los mismos docentes y apoyados,actualmentemmás o menos indirectamente por la cúpula gremial) ;otra razón es la separación que realiza la burocracia gremial de los docentes y del resto de los trabajadores estatales (auxiliares de educación,dela salud,poder judicial,etc.).
No debemos pasar por alto un aspecto importante cual es el de la dispersión geográfica de las escuelas,así como el de los docentes “taxis” que impiden un conocimiento acerca de lo que pasa con otros compañeros trabajadores,dificulta la comunicación y la existencia de un espacio común de discusión,en el que se construya un territorio de resistencias.
Muchas veces vemos y sentimos que los padres o sectores de la sociedad,nos critican duramente,no los justificamos,pero imaginemos lo difícil que es para quien,impregnado de la lógica capitalista,ve que su hijo pierde días de clase mientras los colegios privados continúan normalmente.Quizás debamos dar explicaciones (no en el sentido de los acusados),abrir las escuelas o reunirnos en las sociedades de fomento,con alumnos y padres ;es necesario unir la brecha abierta entre los docentes y la comunidad educativa,la cual es hábilmente explotada por el gobierno y los medios de (des)información.
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