El 7 de enero se cumplieron 91 años del comienzo de los sucesos conocidos como la “Semana Trágica”. Aquel martes de 1919 los obreros de los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena, quienes se encontraban en huelga desde el 2 de diciembre, se enfrentaron con un grupo de rompehuelgas y matones armados reclutados por la Asociación del Trabajo(1) y protegidos por la policía.Tras dos horas de combate contra las armas policiales, cuatro trabajadores resultaron muertos y más de treinta, heridos.
Estos primeros asesinatos de la semana produjeron la indignación de los proletarios de toda la ciudad, quienes, espontáneamente, comenzaron a abandonar sus tareas. Durante toda la noche de los días 7 y 8 miles de obreros desfilaron por el velatorio de los compañeros caídos. Las dos centrales obreras de la época, la FORA del V° Congreso (anarquista) y la FORA del X° Congreso (también llamada del IX°, dirigida por Sindicalistas, socialistas y un grupo minoritario de anarquistas desprendidos de la FORA del V°) llamaron a la huelga general a realizarse el 9, día en que se llevaría a cabo el sepelio de las víctimas.
Llegada esa jornada, y en pleno desarrollo del cortejo fúnebre, partieron disparos contra la multitud que acompañaba al mismo provocando nuevas muertes. Ya en la Chacarita, este cementerio fue utilizado como sitio de emboscada; durante el discurso de un dirigente obrero la policía abrió fuego provocando el desbande de la muchedumbre que intentaba refugiarse tras las tumbas, gran cantidad de personas buscaban ganar la salida donde eran esperados, sable en mano, por la caballería. El resultado de esta jornada represiva fue de 39 muertos y cientos de heridos.
Ya con las masas en la calle, en lo que se había transformado en una revuelta popular, temiendo una revolución social, y conciente del prestigio que la gran Revolución de Octubre gozaba entre lo más avanzado de la clase obrera, la clase dominante estrechó filas contra el pueblo trabajador, la pálida burguesía gobernante representada por Yrigoyen destacó al general Luis Dellepiane como comandante de las fuerzas de represión, en tanto los miembros del verdadero poder económico formaban su propio órgano paramilitar-terrorista bajo el nombre de “Defensores del Orden” (luego “Liga Patriótica”(2)); durante varios días estos “patriotas” asaltaron los barrios obreros quemando y destruyendo clubes, locales sindicales, centros culturales y bibliotecas, arrestando y torturando a trabajadores, extranjeros y judíos con la excusa de detener una “sovietización argentina” dirigida desde Rusia.
Creemos no equivocarnos si decimos que en la Semana Trágica “debutan” en nuestro país los grupos parapoliciales, es decir un poder represor-terrorista paralelo al oficial. La Historia nos da, quizás, la clave del por qué: la última gran represión había ocurrido algunos años atrás, en 1909, en ese año bajo la presidencia de Figueroa Alcorta, los actos del 1° de Mayo fueron criminalmente reprimidos de forma oficial por la policía comandada por el coronel Ramón Falcón y el saldo fue de doce trabajadores muertos y cerca de cien heridos.
Este militar asesino -quien luego fuera ajusticiado por el anarquista Simón Radowitzky- fue premiado y homenajeado públicamente por los miembros de la oligarquía terrateniente ganadera. Esta facción burguesa dominante, que había realizado un país según sus intereses, no necesitaba reprimir y matar embozadamente, sencillamente porque, por entonces, además del poder económico detentaba el poder político. Esta situación, un tanto sorpresivamente, varió con la victoria electoral de Yrigoyen en 1916, de allí que, cuando la agudización de la lucha de clases desató los hechos de la Semana Trágica, quienes aún representaban el poder real, desconfiando de la débil y vacilante facción gobernante, decidieron “tomar cartas en el asunto” y “reforzar” la represión con grupos de civiles armados que no trepidaran en escarmentar a los trabajadores. De este modo el poder real con la complicidad del poder formal inauguraron el terror parapolicial.
Durante los días 9 y 10 se realizaron febriles negociaciones: Yrigoyen se reunió con Vasena quien fue acompañado por un representante inglés, los empresarios accedieron a terminar con un conflicto que había puesto a la ciudad en una revuelta inusitada. El día 11 Sebastián Marotta (secretario de la FORA del X°) anuncia los acuerdos que representaban una victoria para los trabajadores: jornada de 8 horas, aumento de salarios, domingos al 100% abolición del trabajo a destajo, reincorporación de los cesantes.
Sin embargo, muchos sindicatos y obreros siguieron con la huelga, que se había extendido al interior del país, algunos días más (Mar del Plata misma fue paralizada el 11) la FORA del 5° Congreso, lanzada a provocar la “revolución anárquica”, continuaba los ataques armados contra las comisarías, en los cuales perdía militantes sin rédito alguno, poco a poco sin la adhesión de la masa fueron quedando aislados. En tanto el mismísimo diario La Nación debió pedir cordura a los grupos de derecha que no cejaban en sus incendios, asesinatos y ataques antisemitas.
Por último, en nuestro recuerdo de los bravos trabajadores caídos en aquellas heroicas jornadas de hace casi un siglo atrás (según algunas fuentes 800 muertos, 4.000 heridos y millares de presos) debemos decir que la clase obrera en lucha es siempre “un monstruo grande y pisa fuerte” y que sus combates polarizan a la sociedad desnudando quién es quién (como ocurriera en la reciente lucha de los trabajadores de Kraft Food).
En enero de 1919 el pueblo trabajador estuvo entregando su vida en la calle por el simple odio de ver a sus hijos masacrados. Como un valeroso ejército sin un “estado mayor” que lo guiara, actuó espontáneamente, se defendió de la represión malamente asaltando alguna armería, levantando alguna barricada, volteando algún poste de teléfonos; mientras las demás fuerzas de la sociedad cumplían su rol acorde sus intereses e ideología: el Estado y la Burguesía reprimían, el socialismo reformista debatía en el Congreso, los sindicalistas pactaban y los anarquistas languidecían en su aislada labor terrorista.
La enseñanza, aún no aprendida, señala, claramente, la necesidad de que los trabajadores construyan la herramienta política imprescindible para tomar el poder estatal y terminar con el capitalismo antes de que éste termine con la naturaleza y la especie humana misma.
(1) La “Asociación del Trabajo” se fundó en 1918 como grupo de presión económico-político que además se ocupaba de proveer de rompehuelgas a las empresas en conflicto así como de vigilancia armada reclutada entre el lumpenaje y la policía, la conformaban las siguientes asociaciones: Sociedad Rural, Centro de Exportadores de Cereales, Bolsa de Comercio, compañías de ferrocarriles y otros gremios patronales.
(2) ”Defensores del Orden” (luego “Liga Patriótica”). Se formó el 10 de Enero de 1919 como grupo civil armado para apoyar al ejército y la policía. Recibieron el apoyo de las Fuerzas Armadas, la Iglesia y la Asociación del Trabajo.
viernes, 15 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
LOS GOBIERNOS "PROGRESISTAS" DE AMÉRICA LATINA
¿Qué políticas desarrollan los llamados “gobiernos progresistas” de latinoamérica? Queremos mirar con realismo lo que hacen y por qué lo hacen en materia de política económica y social. Decimos esto porque muchos de nuestros compañeros trabajadores de América Latina y, especialmente de Argentina, ven con simpatía a las gestiones de Hugo Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y, ahora, Mujica en Uruguay. Es más, constantemente oimos que dicen “hay que apoyar a estos gobiernos populares”; nadie discute que son populares, porque, efectivamente, fueron elegidos por el pueblo, pero hay una enorme diferencia entre ser un gobierno popular y ser un gobierno revolucionario...y estos gobiernos de revolucionarios no tienen nada.
Los discursos duros contra el enemigo están muy bien, y lo que dicen es la verdad; pero lo cierto es que los enemigos están muy tranquilos ¿Por qué decimos esto? Porque estos “gobiernos progresistas”, a pesar de los ataques verbales, siguen pagando la deuda externa: tenemos el ejemplo del gobierno argentino, que dicen que no van a pagar a costa del sufrimiento del pueblo y, sin embargo, no hace falta que les vengan a cobrar, ellos solos van a golpear la puerta de los acreedores para depositar en sus manos todo el dinero que le sacaron al pueblo.
Observemos el caso de Correa, el cual dijo públicamente -entre otras cosas- que ya la revolución no era posible y que la lucha de clases ya no existe; nosostros, como trabajadores industriales, nuestros compañeros campesinos y nuestros hermanos aborígenes, que estamos sumidos en la más espantosa miseria y sufrimiento ¿podemos decir lo mismo? Por supuesto que no. Acá hay una clase explotadora que se lleva toda la riqueza, y otra, la gran mayoría, que a esta altura no podemos poner en la mesa a nuestros hijos dos comidas al día.
Mujica dijo, como todos los demás, que es necesario negociar con los capitalistas porque sin ese capital el país no funcionaría ¿Seremos tan ingenuos de creer que los capitalistas se van a conmover y se despojarán de sus enormes riquezas para mejorar la situación de los pobres, que somos la mayoría? ¿O podemos pensar que las fuerzas de represión del Estado burgués milagrosamente se van a transformar en defensores de la clase sometida? Los ejércitos de todos estos países están tranquilos porque no es necesario que actúen, ya con estos gobiernos progresistas es más que suficiente para tener a los pueblos engañados, no nos olvidemos que ellos tienen el arma más poderosa que tiene un sistema: los medios de difusión que nos dicen lo que quieren, como quieren y donde quieren, nos imponen todos los productos (supérfluos) y nos convencen que debemos adquirirlos, de lo contrario, seremos más infelices de lo que ya somos.
Entonces decimos que el término “apoyar” a estos gobirnos podríamos cambirlo por “utilizar” los espacios y ciertas libertades que éstos generan ¿Para qué? Para poder estudiar, tomar conciencia de la gravedad del problema del trabajador en general, para organizarnos (ya sea como partido, como grupos, numerosos o no), para trabajar en cada fábrica, en cada barrio, en la calle, etcétera. Reconocemos que estas actividades no las podríamos hacer bajo un régimen militar; pero el hecho de que en estos tiempos podamos organizarnos y reunirnos con cierta tranquilidad, no significa que apoyamos a las políticas de estos gobiernos porque estamos convencidos que no tienen ninguna intención de realizar un cambio real ya que con esas políticas se benefician algunos grupos partidarios minoritarios, pero la gran mayoría de los trabajadores jamás lograremos el sueño de todo ser humano que por derecho nos corresponde: una vivienda digna, un trabajo digno con el que podamos mantener a nuestras familias, una educación correcta y un sistema de salud.
Sólo si adquirimos conciencia real y nos organizamos, podemos lograr entender cuál es el método único para liberarnos definivamente, que es mediante una Revolución. No nos dejemos engañar con discursos cargados de sentimentalismo, nosotros sabemos que este no es un problema sentimental, es un problema político, por lo tanto: a los problemas políticos..soluciones políticas.
Los discursos duros contra el enemigo están muy bien, y lo que dicen es la verdad; pero lo cierto es que los enemigos están muy tranquilos ¿Por qué decimos esto? Porque estos “gobiernos progresistas”, a pesar de los ataques verbales, siguen pagando la deuda externa: tenemos el ejemplo del gobierno argentino, que dicen que no van a pagar a costa del sufrimiento del pueblo y, sin embargo, no hace falta que les vengan a cobrar, ellos solos van a golpear la puerta de los acreedores para depositar en sus manos todo el dinero que le sacaron al pueblo.
Observemos el caso de Correa, el cual dijo públicamente -entre otras cosas- que ya la revolución no era posible y que la lucha de clases ya no existe; nosostros, como trabajadores industriales, nuestros compañeros campesinos y nuestros hermanos aborígenes, que estamos sumidos en la más espantosa miseria y sufrimiento ¿podemos decir lo mismo? Por supuesto que no. Acá hay una clase explotadora que se lleva toda la riqueza, y otra, la gran mayoría, que a esta altura no podemos poner en la mesa a nuestros hijos dos comidas al día.
Mujica dijo, como todos los demás, que es necesario negociar con los capitalistas porque sin ese capital el país no funcionaría ¿Seremos tan ingenuos de creer que los capitalistas se van a conmover y se despojarán de sus enormes riquezas para mejorar la situación de los pobres, que somos la mayoría? ¿O podemos pensar que las fuerzas de represión del Estado burgués milagrosamente se van a transformar en defensores de la clase sometida? Los ejércitos de todos estos países están tranquilos porque no es necesario que actúen, ya con estos gobiernos progresistas es más que suficiente para tener a los pueblos engañados, no nos olvidemos que ellos tienen el arma más poderosa que tiene un sistema: los medios de difusión que nos dicen lo que quieren, como quieren y donde quieren, nos imponen todos los productos (supérfluos) y nos convencen que debemos adquirirlos, de lo contrario, seremos más infelices de lo que ya somos.
Entonces decimos que el término “apoyar” a estos gobirnos podríamos cambirlo por “utilizar” los espacios y ciertas libertades que éstos generan ¿Para qué? Para poder estudiar, tomar conciencia de la gravedad del problema del trabajador en general, para organizarnos (ya sea como partido, como grupos, numerosos o no), para trabajar en cada fábrica, en cada barrio, en la calle, etcétera. Reconocemos que estas actividades no las podríamos hacer bajo un régimen militar; pero el hecho de que en estos tiempos podamos organizarnos y reunirnos con cierta tranquilidad, no significa que apoyamos a las políticas de estos gobiernos porque estamos convencidos que no tienen ninguna intención de realizar un cambio real ya que con esas políticas se benefician algunos grupos partidarios minoritarios, pero la gran mayoría de los trabajadores jamás lograremos el sueño de todo ser humano que por derecho nos corresponde: una vivienda digna, un trabajo digno con el que podamos mantener a nuestras familias, una educación correcta y un sistema de salud.
Sólo si adquirimos conciencia real y nos organizamos, podemos lograr entender cuál es el método único para liberarnos definivamente, que es mediante una Revolución. No nos dejemos engañar con discursos cargados de sentimentalismo, nosotros sabemos que este no es un problema sentimental, es un problema político, por lo tanto: a los problemas políticos..soluciones políticas.
martes, 29 de diciembre de 2009
"QUE SE VAYAN TODOS..." 19 Y 20 DE DICIEMBRE DE 2001
39 muertos, 5 de ellos en la represión en la Plaza de Mayo, fue el saldo que arrojaron las jornadas del 19 y 20 de Diciembre de 2001 ante el alzamiento popular. El pueblo se despertó y se rebeló ante la aplicación de una política económica que profundizó aún más el sistema capitalista.
Se trató del primer leventamiento popular que puso fin a un gobierno elegido por el voto. “Que se vayan todos/que no quede ni uno solo”.
Lo que hizo falta en aquellas jornadas y hace falta hoy en día: una herramienta de los trabajadores para ejercer el gobierno del país. Se fue en helicóptero un presidente radical...vinieron 5 presidentes peronistas. Todos ellos representantes de la clase dominante, los grandes empresarios, bancos, grandes financistas y sus siempre aliados, los sindicalistas ricos.
Un bloque social que iba desde aquellos a quienes se les habían expropiado sus dineros hasta los sectores más pobres del país, en un acontecimiento histórico, en una lucha que dejó muertos, soportando una brutal represión, echamos al presidente. Por instantes no tuvimos gobierno; surgieron entonces asambleas en las plazas, agrupamientos bien intencionados que intentaron una organización desde abajo. Nada de eso dio resultado.
Es pues, la principal tarea de los trabajadores el prepararse y organizarse para que el día de mañana, junto con otros sectores partidarios del gobierno del pueblo, no persigan sólo arrancarle benefecios al Estado capitalista, sino lograr un gobierno que termine con la explotación.
Desde la OTM recordamos siempre a aquellos que enfrentaron valerosamente al gobierno de la burguesía. El mejor homenaje es trabajar para que en un nuevo 19 y 20 de Diciembre la salida a la crisis la dirijan los trabajadores.
Se trató del primer leventamiento popular que puso fin a un gobierno elegido por el voto. “Que se vayan todos/que no quede ni uno solo”.
Lo que hizo falta en aquellas jornadas y hace falta hoy en día: una herramienta de los trabajadores para ejercer el gobierno del país. Se fue en helicóptero un presidente radical...vinieron 5 presidentes peronistas. Todos ellos representantes de la clase dominante, los grandes empresarios, bancos, grandes financistas y sus siempre aliados, los sindicalistas ricos.
Un bloque social que iba desde aquellos a quienes se les habían expropiado sus dineros hasta los sectores más pobres del país, en un acontecimiento histórico, en una lucha que dejó muertos, soportando una brutal represión, echamos al presidente. Por instantes no tuvimos gobierno; surgieron entonces asambleas en las plazas, agrupamientos bien intencionados que intentaron una organización desde abajo. Nada de eso dio resultado.
Es pues, la principal tarea de los trabajadores el prepararse y organizarse para que el día de mañana, junto con otros sectores partidarios del gobierno del pueblo, no persigan sólo arrancarle benefecios al Estado capitalista, sino lograr un gobierno que termine con la explotación.
Desde la OTM recordamos siempre a aquellos que enfrentaron valerosamente al gobierno de la burguesía. El mejor homenaje es trabajar para que en un nuevo 19 y 20 de Diciembre la salida a la crisis la dirijan los trabajadores.
viernes, 27 de noviembre de 2009
SUTEBA : cómo hacer de la huelga un instrumento estéril
Hacer las cosas tarde y mal suele ser una táctica ex profeso de la burocracia para sembrar el desaliento entre los trabajadores; también puede ser el producto de la incapacidad de una dirigencia obligada a “hacer algo” ante el descontento creciente de las bases que sienten en su bolsillo los efectos de la inocultable inflación.
Lo cierto es que los docentes de la OTM, quienes siempre hemos apoyado los paros, los hemos reclamado e insistido sobre la necesidad de unificar las luchas con objeto de golpear con más fuerza y evitar el aislamiento, esta vez nos preguntamos -como lo hacen los compañeros en las escuelas- ¿cuál es el objeto de este paro de 48 horas a pocos días del fin del ciclo lectivo?, ¿acaso paramos ahora para iniciar sumisamente las clases, en 2010, con dos moneditas de aumento ?
Recuerden los compañeros que el 27 de marzo de este 2009 se acordó un 9% de aumento que intentaban paliar los aumentazos de 2008, de modo que el 15% de inflación que se lleva hasta octubre de este año es la cifra que ha perdido nuestro salario de poder adquisitivo y la que hay que reclamar ya, para hoy, sin perjuicio de un nuevo acuerdo para el próximo año.
Los dirigentes del frente gremial docente ladran ahora y se hacen los bravos mastines, pero lo que en verdad están haciendo es prepararse para lamer las botas de Scioli y Oporto el próximo marzo ¡Estemos alerta!
Lo cierto es que los docentes de la OTM, quienes siempre hemos apoyado los paros, los hemos reclamado e insistido sobre la necesidad de unificar las luchas con objeto de golpear con más fuerza y evitar el aislamiento, esta vez nos preguntamos -como lo hacen los compañeros en las escuelas- ¿cuál es el objeto de este paro de 48 horas a pocos días del fin del ciclo lectivo?, ¿acaso paramos ahora para iniciar sumisamente las clases, en 2010, con dos moneditas de aumento ?
Recuerden los compañeros que el 27 de marzo de este 2009 se acordó un 9% de aumento que intentaban paliar los aumentazos de 2008, de modo que el 15% de inflación que se lleva hasta octubre de este año es la cifra que ha perdido nuestro salario de poder adquisitivo y la que hay que reclamar ya, para hoy, sin perjuicio de un nuevo acuerdo para el próximo año.
Los dirigentes del frente gremial docente ladran ahora y se hacen los bravos mastines, pero lo que en verdad están haciendo es prepararse para lamer las botas de Scioli y Oporto el próximo marzo ¡Estemos alerta!
LAS ARMAS DEL CAPITALISMO
En la primera semana de septiembre de 2009 los principales medios anunciaban un importante acuerdo militar entre Francia y Brasil, con un monto que supera al del Plan Colombia y al acuerdo militar entre Venezuela y Rusia. La compra de helicópteros, submarinos y la posibilidad de construir un submarino nuclear pondría a Brasil como la potencia militar del Cono Sur.
¿Qué lectura podemos hacer de este hecho? Primeramente, debemos decir que este rearme de Brasil es meramente disuasivo ¿a quién se pretende disuadir?, a los EEUU porque sus intereses en América Latina siguen siendo muy importantes: la pasividad ante el golpe de Estado en Honduras, la ampliación de su capacidad operativa en la región a través de la apertura de bases militares en Colombia y la reactivación de la IV flota (del Atlántico) así lo demuestran.
También detrás de este hecho podemos descubrir cómo el discurso (o parte de él) que tuvieron las clases dominantes durante todo el período que reforzaron su poder de clase por sobre los trabajadores (conocido como neoliberalismo) se está revirtiendo; durante las décadas pasadas se decía que los Estados habían desaparecido, que las fronteras no existían y que vivíamos en una aldea global (como si todos fuéramos iguales); ahora los recursos vuelven a ser significativos como así también su defensa a través de estas asignaciones militares que vuelven a considerar a ciertos recursos como estratégicos, por lo tanto, determinados territorios vuelven a ser importantes para los Estados (este pensamiento nunca fue abandonado por los Estados Centrales). En Argentina este debate sigue ausente porque justamente el Estado Argentino con la administración K representa los intereses mineros y petroleros, la ausencia de políticas tendientes a recuperar nuestro patrimonio sumado a la explotación que empresas petroleras y mineras trasnacionales pretenden seguir realizando sobre nuestro subsuelo reafirman la continuidad de algunas de las políticas que caracterizaron la década de los noventa.
Pero volviendo al caso brasileño también debemos preguntarnos qué intereses defiende o resguarda este arsenal, porque una cosa es defender los recursos, pero Brasil no es una federación socialista, por lo tanto, se están defendiendo los recursos pero también su apropiación y los beneficios obtenidos de este control.
Por otra parte podemos preguntarnos sobre el socio militar, la Francia de Sarkozy, quién actuó para beneficiar a empresas francesas en la competencia contra sus similares norteamericanas y de suecas.
Sabemos que la industria militar (al igual que el objetivo final de esta industria, la guerra) ha servido para expandir geográficamente al capital, ya que éste para reproducirse necesita expandirse a otras áreas diferentes de las cuales surgió. Quizás podamos ver como algo positivo la defensa de recursos estratégicos pero preguntarnos al mismo tiempo, cuál es el sentido de dicha defensa si no se transforma en un beneficio para los trabajadores y si además se beneficia a una empresa (en este caso francesa) que busca nuevos mercados para la creación de instrumentos que servirán para traer una destrucción que permitirá al capital, volver a expandirse.
¿Qué lectura podemos hacer de este hecho? Primeramente, debemos decir que este rearme de Brasil es meramente disuasivo ¿a quién se pretende disuadir?, a los EEUU porque sus intereses en América Latina siguen siendo muy importantes: la pasividad ante el golpe de Estado en Honduras, la ampliación de su capacidad operativa en la región a través de la apertura de bases militares en Colombia y la reactivación de la IV flota (del Atlántico) así lo demuestran.
También detrás de este hecho podemos descubrir cómo el discurso (o parte de él) que tuvieron las clases dominantes durante todo el período que reforzaron su poder de clase por sobre los trabajadores (conocido como neoliberalismo) se está revirtiendo; durante las décadas pasadas se decía que los Estados habían desaparecido, que las fronteras no existían y que vivíamos en una aldea global (como si todos fuéramos iguales); ahora los recursos vuelven a ser significativos como así también su defensa a través de estas asignaciones militares que vuelven a considerar a ciertos recursos como estratégicos, por lo tanto, determinados territorios vuelven a ser importantes para los Estados (este pensamiento nunca fue abandonado por los Estados Centrales). En Argentina este debate sigue ausente porque justamente el Estado Argentino con la administración K representa los intereses mineros y petroleros, la ausencia de políticas tendientes a recuperar nuestro patrimonio sumado a la explotación que empresas petroleras y mineras trasnacionales pretenden seguir realizando sobre nuestro subsuelo reafirman la continuidad de algunas de las políticas que caracterizaron la década de los noventa.
Pero volviendo al caso brasileño también debemos preguntarnos qué intereses defiende o resguarda este arsenal, porque una cosa es defender los recursos, pero Brasil no es una federación socialista, por lo tanto, se están defendiendo los recursos pero también su apropiación y los beneficios obtenidos de este control.
Por otra parte podemos preguntarnos sobre el socio militar, la Francia de Sarkozy, quién actuó para beneficiar a empresas francesas en la competencia contra sus similares norteamericanas y de suecas.
Sabemos que la industria militar (al igual que el objetivo final de esta industria, la guerra) ha servido para expandir geográficamente al capital, ya que éste para reproducirse necesita expandirse a otras áreas diferentes de las cuales surgió. Quizás podamos ver como algo positivo la defensa de recursos estratégicos pero preguntarnos al mismo tiempo, cuál es el sentido de dicha defensa si no se transforma en un beneficio para los trabajadores y si además se beneficia a una empresa (en este caso francesa) que busca nuevos mercados para la creación de instrumentos que servirán para traer una destrucción que permitirá al capital, volver a expandirse.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
La actualidad de América Latina y papel que juega Estados Unidos (2da parte)
La ofensiva estadounidense en la región es planteada como un freno a las intenciones de gobiernos con discursos progresistas, demostrando la reacción del Imperio ante la mínima amenaza a sus intereses económicos. La estrategia de liderazgo históricamente pregonada por los demócratas norteamericanos esconde en la prédica sus intereses reales, distinguiéndose de la públicamente conocida política republicana de dominación; con matices distintos pero instando ambas por el sometimiento económico de los pueblos sin el menor recaudo a la utilización de la fuerza.
El gobierno de Obama busca recobrar el protagonismo en América Latina, considerada el “patio trasero” de Estados Unidos, inmiscuyéndose en asuntos nacionales o intrarregionales. Es un deber de la clase trabajadora el habituarnos a interpretar nuestra realidad analizando las decisiones políticas, tomando en consideración los intereses de los grupos de poder económico actuantes dentro de las fronteras de cada territorio nacional así como también de capitales “extraterritoriales”, cuyo apego a la realidad nacional simplemente está basado en la posibilidad de acrecentar sus márgenes de ganancia. Según lo citado, entonces, no podemos perder de vista el interés de control regional que tiene Estados Unidos. Pondremos énfasis en la ligazón de dicho país en el Golpe de Estado perpetrado en Honduras; en la intención de utilizar bases militares colombianas que sobrepasan las necesidades reales del conflicto interno en aquel país; y por último en el vínculo convergente de las derechas recalcitrantes de nuestros países en la promoción y el apoyo de acciones contra los pueblos de la región.
Las oligarquías se niegan a abandonar el escenario y aprovechan la menor oportunidad para sacar sus garras en defensa de negocios e intereses que explican, desde mucho tiempo atrás, la miseria de pueblos enteros. Ante la mínima intención de modificar la Constitución por parte de un gobierno como el de Zelaya, que se dice progresista y es miembro de la corriente populista antiestadounidense en Latinoamérica, la burguesía de Honduras reencontró la funcionalidad de las fuerzas armadas (perdida en América Latina en general en la década de 1980) para alcanzar el poder político planificando un Golpe de Estado cívico-militar; adicionándole la maquinaria militar y de inteligencia norteamericana, que mantiene activas sus redes y conserva vínculos poderosos con las elites locales. La presencia militar estadounidense en Honduras, que ocupa la base militar de Soto Cano (Palmerola), autorizó el Golpe de Estado con su complicidad tácita y la negativa a retirar su apoyo a los militares hondureños.
La región centroamericana ha sido de vital importancia para los Estados Unidos desde el siglo XIX, y así lo ha demostrado interviniendo de las más diversas formas en su vida política. Existen embrionariamente en el contexto de una sociedad imperialista que se rige por los intereses de las grandes compañías transnacionales que operan globalmente, y que tienen tras de sí un gran aparato no solamente económico, sino también político y cultural. Se trata del establishment de Washington y de la sofisticada red de medios de comunicación que construyen el sentido común global, y de la cual la CNN se ha convertido en el símbolo mejor identificado.
Mientras se cumplen dos meses del Golpe de Estado en Honduras y del inicio de la lucha popular por la restauración del orden constitucional, lo más significativo del panorama en aquella nación continúa siendo la valiente y ejemplar resistencia del pueblo al gobierno espurio, pese al incremento de la ferocidad y la violencia del ejército y la policía, que hasta el momento segaron la vida de al menos nueve personas y causaron graves heridas a centenares. El Pentágono entrenó, capacitó, financió y armó al ejército hondureño que perpetró el Golpe y sigue reprimiendo al pueblo de Honduras. Así, es lógico que el gobierno de Obama haya permanecido en silencio frente a la violenta represión, incluyendo los disparos de militares, la muerte de manifestantes desarmados y la censura de la prensa. Este silencio ha ayudado al gobierno golpista a proyectar una prolongada expectativa de vida.
Estados Unidos es el destino de prácticamente la mitad del comercio internacional de Honduras, tiene un programa de donaciones de 215 millones de dólares en ayuda humanitaria a través de la Cuenta del Milenio y es socio en un acuerdo de libre comercio con Centroamérica. Todo lo que tendría que hacer si realmente condenara el golpe, es cortar esos canales y aislar más a Micheletti.
Colombia, por su parte, y en medio de la confrontación con los vecinos, subordina su política exterior a su conflicto interno y a las políticas de Estados Unidos. Los dos elementos principales que caracterizan la política del gobierno de Uribe son: (1) La inextricable asociación del curso exterior con la guerra interna contra la subversión, y (2) El alineamiento incondicional con la visión y las maneras como los Estados Unidos desarrollan sus intereses estratégicos en la región y en el mundo. En su difundida política por “combatir a la guerrilla y al narcotráfico”, el gobierno de Uribe se ha embarcado en la inversión en defensa, que en 1992 representaba el 2 por ciento del PIB de Colombia y hoy supera al 6 por ciento, lo que ha transformado a las fuerzas armadas colombianas, en términos relativos, en las mayores y mejor equipadas de la región, ya que Brasil dedica 1.5 por ciento de su PIB a defensa y Argentina 1.1 por ciento. Sin embargo, el dato de mayor relevancia es la progresión del ejército colombiano, tropa que pasó de 86 mil efectivos en 1986 a 120 mil en 1994, pero se duplicó en sólo quince años con la implementación del Plan Colombia, llegando a los 217 mil soldados actuales, siendo uno de los mayores ejércitos de tierra de la región junto con el de Brasil. Sin embargo, este último país tiene que cubrir un territorio de 8.5 millones de kilómetros cuadrados y 17 mil kilómetros de fronteras; y Colombia tiene una superficie ocho veces menor, cuenta con 44 millones de habitantes frente a los 190 millones de Brasil. También existe un agudo desbalance con sus vecinos: Ecuador tiene 47 mil efectivos en el ejército y Venezuela 63 mil, lo que hace que Colombia duplique la fuerza de tierra de sus dos vecinos juntos.
En el período 1992-2009, cuando se incrementaba exponencialmente el gasto en defensa, lo hacía en proporciones similares, la desigualdad en la distribución del ingreso entre los colombianos, hundiéndose en la pobreza a tres quintas partes de la población. Por otra parte, se asiste en la mayor parte del territorio colombiano a una recomposición del fenómeno paramilitar con los mismos elementos presentes desde comienzos de los noventa: narcotráfico, extorsión, toma de tierras con desplazamiento forzado e intervención en la política. La inseguridad y el crimen se extienden en Colombia como evidente fracaso de la bandera con la que el presidente Álvaro Uribe trata de ser reelegido: la “seguridad democrática”.
Colombia no acepta que nadie ponga en duda su derecho a firmar acuerdos con terceros países para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo. Ha firmado con Estados Unidos un convenio de cooperación que le permitirá a este país la utilización de siete bases militares en su territorio, tres de la Fuerza Aérea, dos del Ejército Nacional y dos de la Armada. Es un plan de avance regional, donde una de las bases en la frontera con Venezuela, la de Palanqueros, tendrá aviones de la más avanzada tecnología de guerra cuyo alcance abarca a toda la región. Lo citado, reafirma el carácter imperial y colonialista de Washington y sus afanes hegemónicos en la región.
El Golpe de Estado perpetrado en Honduras y el convenio Colombia-Estados Unidos han sido, en el primer caso, condenado y deslegitimado, y en el segundo discutido por los países de la región; y apoyados ambos por grupos de la derecha latinoamericana reunidos en la Unión de Organizaciones Democráticas de América (UNOAmérica). Creada en diciembre de 2008, nace con el fin de constituirse en un bloque de apoyo para los sectores más reaccionarios de las oligarquías económica y militar de América Latina, de combate a toda política, por más tímida que resulte ser, que sea contraria a los intereses del imperio yanqui en la región.
Por primera vez en la historia, los países de América Latina han debatido entre ellos una cuestión altamente polémica y delicada: la presencia militar de países terceros, un asunto que siempre ha tenido una enorme repercusión en la región y que sigue suscitando fuertes polémicas. La mayoría de los gobernantes expresaron su rechazo al acuerdo suscrito entre los regímenes de Colombia y Estados Unidos. Durante la reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), el presidente venezolano Hugo Chávez sostuvo que “las bases militares son la estrategia de la dominación global de Estados Unidos y su verdadero interés es expandir su dominio y no ayudar a Colombia a combatir el narcoterrorismo”. Evaluamos como positivo el regreso de la política a la discusión de cuestiones inherentes al futuro de nuestros pueblos, a pesar de que la clase trabajadora quede a la expectativa de las decisiones que tomen al respecto las burguesías gobernantes.
La injerencia imperialista en la región ha devaluado la posibilidad de llevar a cabo las políticas regionales conjuntas planteadas por los gobiernos progresistas de la región y avaladas por sus burguesías, debiendo cambiar el enfoque hacia una estrategia defensiva, cuyo objetivo es evitar una mayor división en la región. Así las cosas, observamos la unidad regional de nuestros gobiernos burgueses como una oportunidad para la unión de los trabajadores desde dos perspectivas: luchar en el presente contexto por formar parte de las discusiones y aprovechar el discurso antiimperialista de los gobiernos progresistas para crear conciencia de unidad de los pueblos en un objetivo común, que debe tener como horizonte el sentar las bases (en la región) para diagramar el internacionalismo proletario; tomándonos la libertad para expresarnos como clase y posibilitándonos educarnos como revolucionarios. Como quería José Martí, cuando en 1891 escribió en su inmortal ensayo Nuestra América: “¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas!” Es la hora del recuento, y de la marcha unida.
El gobierno de Obama busca recobrar el protagonismo en América Latina, considerada el “patio trasero” de Estados Unidos, inmiscuyéndose en asuntos nacionales o intrarregionales. Es un deber de la clase trabajadora el habituarnos a interpretar nuestra realidad analizando las decisiones políticas, tomando en consideración los intereses de los grupos de poder económico actuantes dentro de las fronteras de cada territorio nacional así como también de capitales “extraterritoriales”, cuyo apego a la realidad nacional simplemente está basado en la posibilidad de acrecentar sus márgenes de ganancia. Según lo citado, entonces, no podemos perder de vista el interés de control regional que tiene Estados Unidos. Pondremos énfasis en la ligazón de dicho país en el Golpe de Estado perpetrado en Honduras; en la intención de utilizar bases militares colombianas que sobrepasan las necesidades reales del conflicto interno en aquel país; y por último en el vínculo convergente de las derechas recalcitrantes de nuestros países en la promoción y el apoyo de acciones contra los pueblos de la región.
Las oligarquías se niegan a abandonar el escenario y aprovechan la menor oportunidad para sacar sus garras en defensa de negocios e intereses que explican, desde mucho tiempo atrás, la miseria de pueblos enteros. Ante la mínima intención de modificar la Constitución por parte de un gobierno como el de Zelaya, que se dice progresista y es miembro de la corriente populista antiestadounidense en Latinoamérica, la burguesía de Honduras reencontró la funcionalidad de las fuerzas armadas (perdida en América Latina en general en la década de 1980) para alcanzar el poder político planificando un Golpe de Estado cívico-militar; adicionándole la maquinaria militar y de inteligencia norteamericana, que mantiene activas sus redes y conserva vínculos poderosos con las elites locales. La presencia militar estadounidense en Honduras, que ocupa la base militar de Soto Cano (Palmerola), autorizó el Golpe de Estado con su complicidad tácita y la negativa a retirar su apoyo a los militares hondureños.
La región centroamericana ha sido de vital importancia para los Estados Unidos desde el siglo XIX, y así lo ha demostrado interviniendo de las más diversas formas en su vida política. Existen embrionariamente en el contexto de una sociedad imperialista que se rige por los intereses de las grandes compañías transnacionales que operan globalmente, y que tienen tras de sí un gran aparato no solamente económico, sino también político y cultural. Se trata del establishment de Washington y de la sofisticada red de medios de comunicación que construyen el sentido común global, y de la cual la CNN se ha convertido en el símbolo mejor identificado.
Mientras se cumplen dos meses del Golpe de Estado en Honduras y del inicio de la lucha popular por la restauración del orden constitucional, lo más significativo del panorama en aquella nación continúa siendo la valiente y ejemplar resistencia del pueblo al gobierno espurio, pese al incremento de la ferocidad y la violencia del ejército y la policía, que hasta el momento segaron la vida de al menos nueve personas y causaron graves heridas a centenares. El Pentágono entrenó, capacitó, financió y armó al ejército hondureño que perpetró el Golpe y sigue reprimiendo al pueblo de Honduras. Así, es lógico que el gobierno de Obama haya permanecido en silencio frente a la violenta represión, incluyendo los disparos de militares, la muerte de manifestantes desarmados y la censura de la prensa. Este silencio ha ayudado al gobierno golpista a proyectar una prolongada expectativa de vida.
Estados Unidos es el destino de prácticamente la mitad del comercio internacional de Honduras, tiene un programa de donaciones de 215 millones de dólares en ayuda humanitaria a través de la Cuenta del Milenio y es socio en un acuerdo de libre comercio con Centroamérica. Todo lo que tendría que hacer si realmente condenara el golpe, es cortar esos canales y aislar más a Micheletti.
Colombia, por su parte, y en medio de la confrontación con los vecinos, subordina su política exterior a su conflicto interno y a las políticas de Estados Unidos. Los dos elementos principales que caracterizan la política del gobierno de Uribe son: (1) La inextricable asociación del curso exterior con la guerra interna contra la subversión, y (2) El alineamiento incondicional con la visión y las maneras como los Estados Unidos desarrollan sus intereses estratégicos en la región y en el mundo. En su difundida política por “combatir a la guerrilla y al narcotráfico”, el gobierno de Uribe se ha embarcado en la inversión en defensa, que en 1992 representaba el 2 por ciento del PIB de Colombia y hoy supera al 6 por ciento, lo que ha transformado a las fuerzas armadas colombianas, en términos relativos, en las mayores y mejor equipadas de la región, ya que Brasil dedica 1.5 por ciento de su PIB a defensa y Argentina 1.1 por ciento. Sin embargo, el dato de mayor relevancia es la progresión del ejército colombiano, tropa que pasó de 86 mil efectivos en 1986 a 120 mil en 1994, pero se duplicó en sólo quince años con la implementación del Plan Colombia, llegando a los 217 mil soldados actuales, siendo uno de los mayores ejércitos de tierra de la región junto con el de Brasil. Sin embargo, este último país tiene que cubrir un territorio de 8.5 millones de kilómetros cuadrados y 17 mil kilómetros de fronteras; y Colombia tiene una superficie ocho veces menor, cuenta con 44 millones de habitantes frente a los 190 millones de Brasil. También existe un agudo desbalance con sus vecinos: Ecuador tiene 47 mil efectivos en el ejército y Venezuela 63 mil, lo que hace que Colombia duplique la fuerza de tierra de sus dos vecinos juntos.
En el período 1992-2009, cuando se incrementaba exponencialmente el gasto en defensa, lo hacía en proporciones similares, la desigualdad en la distribución del ingreso entre los colombianos, hundiéndose en la pobreza a tres quintas partes de la población. Por otra parte, se asiste en la mayor parte del territorio colombiano a una recomposición del fenómeno paramilitar con los mismos elementos presentes desde comienzos de los noventa: narcotráfico, extorsión, toma de tierras con desplazamiento forzado e intervención en la política. La inseguridad y el crimen se extienden en Colombia como evidente fracaso de la bandera con la que el presidente Álvaro Uribe trata de ser reelegido: la “seguridad democrática”.
Colombia no acepta que nadie ponga en duda su derecho a firmar acuerdos con terceros países para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo. Ha firmado con Estados Unidos un convenio de cooperación que le permitirá a este país la utilización de siete bases militares en su territorio, tres de la Fuerza Aérea, dos del Ejército Nacional y dos de la Armada. Es un plan de avance regional, donde una de las bases en la frontera con Venezuela, la de Palanqueros, tendrá aviones de la más avanzada tecnología de guerra cuyo alcance abarca a toda la región. Lo citado, reafirma el carácter imperial y colonialista de Washington y sus afanes hegemónicos en la región.
El Golpe de Estado perpetrado en Honduras y el convenio Colombia-Estados Unidos han sido, en el primer caso, condenado y deslegitimado, y en el segundo discutido por los países de la región; y apoyados ambos por grupos de la derecha latinoamericana reunidos en la Unión de Organizaciones Democráticas de América (UNOAmérica). Creada en diciembre de 2008, nace con el fin de constituirse en un bloque de apoyo para los sectores más reaccionarios de las oligarquías económica y militar de América Latina, de combate a toda política, por más tímida que resulte ser, que sea contraria a los intereses del imperio yanqui en la región.
Por primera vez en la historia, los países de América Latina han debatido entre ellos una cuestión altamente polémica y delicada: la presencia militar de países terceros, un asunto que siempre ha tenido una enorme repercusión en la región y que sigue suscitando fuertes polémicas. La mayoría de los gobernantes expresaron su rechazo al acuerdo suscrito entre los regímenes de Colombia y Estados Unidos. Durante la reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), el presidente venezolano Hugo Chávez sostuvo que “las bases militares son la estrategia de la dominación global de Estados Unidos y su verdadero interés es expandir su dominio y no ayudar a Colombia a combatir el narcoterrorismo”. Evaluamos como positivo el regreso de la política a la discusión de cuestiones inherentes al futuro de nuestros pueblos, a pesar de que la clase trabajadora quede a la expectativa de las decisiones que tomen al respecto las burguesías gobernantes.
La injerencia imperialista en la región ha devaluado la posibilidad de llevar a cabo las políticas regionales conjuntas planteadas por los gobiernos progresistas de la región y avaladas por sus burguesías, debiendo cambiar el enfoque hacia una estrategia defensiva, cuyo objetivo es evitar una mayor división en la región. Así las cosas, observamos la unidad regional de nuestros gobiernos burgueses como una oportunidad para la unión de los trabajadores desde dos perspectivas: luchar en el presente contexto por formar parte de las discusiones y aprovechar el discurso antiimperialista de los gobiernos progresistas para crear conciencia de unidad de los pueblos en un objetivo común, que debe tener como horizonte el sentar las bases (en la región) para diagramar el internacionalismo proletario; tomándonos la libertad para expresarnos como clase y posibilitándonos educarnos como revolucionarios. Como quería José Martí, cuando en 1891 escribió en su inmortal ensayo Nuestra América: “¡Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas!” Es la hora del recuento, y de la marcha unida.
viernes, 13 de noviembre de 2009
A 92 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA
Desde la Organización de Trabajadores Marplatenses queremos recordar la gesta realizada hace 92 años por los obreros y campesinos de Rusia: la Revolución Rusa. En 1917 se daba inicio al mayor acontecimiento político del siglo XX. Un triunfo de la clase trabajadora sobre la burguesía y un intento por forjar una nueva sociedad.
Como primera medida el Gobierno Revolucionario armó al pueblo para defender la conquista obtenida: se creaba de esta manera la Guardia Roja: trabajadores armados en defensa de las conquistas obtenidas. Las fábricas pasaron a ser controladas por sus obreros y de esta forma fueron puestas en funcionamiento, demostrando una vez más que el obrero organizado puede poner en marcha la producción sin necesidad de un patrón. Los campesinos y trabajadores rurales se hicieron cargo de las tierras expulsando a los terratenientes y pasando a producir según las necesidades del pueblo.
Esta experiencia nos demuestra que la clase obrera organizada puede disputarle el poder a la burguesía y, finalmente conquistarlo. Los enemigos de la clase trabajadora se preocupan, y en cierto modo lo han conseguido, que olvidemos los sucesos de 1917. Hoy más que nunca, en el marco de una crisis sin precedentes del sistema capitalista, con la clase obrera desorganizada, la Revolución Rusa debe ser nuestro faro, nuestra guía.
Los trabajadores de la Organización de Trabajadores Marplatenses quieren rendir su homenaje a los hombres y mujeres que protagonizaron aquella gesta y que nos marcaron el camino que todavía está pendiente de ser transitado: el de la organización de los trabajadores que permita conquistar el propio poder para liberar a la humanidad toda.
Como primera medida el Gobierno Revolucionario armó al pueblo para defender la conquista obtenida: se creaba de esta manera la Guardia Roja: trabajadores armados en defensa de las conquistas obtenidas. Las fábricas pasaron a ser controladas por sus obreros y de esta forma fueron puestas en funcionamiento, demostrando una vez más que el obrero organizado puede poner en marcha la producción sin necesidad de un patrón. Los campesinos y trabajadores rurales se hicieron cargo de las tierras expulsando a los terratenientes y pasando a producir según las necesidades del pueblo.
Esta experiencia nos demuestra que la clase obrera organizada puede disputarle el poder a la burguesía y, finalmente conquistarlo. Los enemigos de la clase trabajadora se preocupan, y en cierto modo lo han conseguido, que olvidemos los sucesos de 1917. Hoy más que nunca, en el marco de una crisis sin precedentes del sistema capitalista, con la clase obrera desorganizada, la Revolución Rusa debe ser nuestro faro, nuestra guía.
Los trabajadores de la Organización de Trabajadores Marplatenses quieren rendir su homenaje a los hombres y mujeres que protagonizaron aquella gesta y que nos marcaron el camino que todavía está pendiente de ser transitado: el de la organización de los trabajadores que permita conquistar el propio poder para liberar a la humanidad toda.
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