La actual estrategia económica de la burguesía en la Argentina descansa en la acumulación de capital a través de la incorporación de asalariados al mercado de trabajo con remuneraciones muy por debajo del incremento de la productividad. Efectivamente, al cabo de cinco años de reactivación, el producto bruto interno (PBI) ya alcanzó el nivel previo a la crisis, pero los salarios se mantienen un 10% por debajo del promedio de 1998. Paralelamente, el mercado laboral argentino aparece abiertamente fragmentado en tres sectores: los asalariados privados registrados, los empleados estatales y los trabajadores privados informales. En el primer segmento (20% de la fuerza laboral), el salario real supera en un 7% el promedio previo a la crisis. En esta franja se concentran las empresas prósperas que demandan asalariados calificados. Sin embargo, en comparación con las ganancias, el ascenso de la productividad (que acumula en tres años un incremento del 14,6%) y a la caída del costo laboral (que se ubica un 17% por debajo del promedio previo a la crisis), la mejora salarial es muy reducida.
Quienes presentan a los asalariados formales como un segmento privilegiado contrastan su situación con las franjas populares más empobrecidas y no con las ganancias extraordinarias de los empresarios.
En el sector estatal el deterioro de los sueldos promedia un 28%.
Como este segmento depende directamente de las decisiones oficiales, aquí se verifica la verdadera política salarial del gobierno.
Finalmente, el sector informal (sector conocido como “trabajadores en negro”, que aglutina al 42% del total de trabajadores), sufre un desplome salarial del 27%.
Este segmento se ha convertido en un reservorio de mano de obra barata que concentra el empobrecimiento estructural. Solo un tercio de los precarizados retoma en algún momento el empleo estable. La mayoría soporta trabajos pésimamente remunerados, carentes de protección sindical y cobertura social.
Actualmente el 54% de los empleados gana menos de $ 1200,00 por mes y la franja salarial que más trabajadores registra es la de entre 801,00 y 1200,00 pesos mensuales. Paradójicamente, los dos sectores que tienen mayor actividad y rentabilidad, tienen la mayor proporción de trabajadores con sueldos más bajos. Así, el sector agropecuario (pese al precio internacional de los cereales y la carne), no sólo tiene el sueldo promedio más bajo -963 pesos-, sino que 8 de cada 10 trabajadores gana menos de $ 1200,00. Lo mismo sucede en la construcción, donde a pesar de las mejoras salariales, todavía el 67% de los trabajadores gana menos de $ 1200,00.
En definitiva, una vez más se verifica que la estrategia capitalista se dirige a extraer una mayor cuota de plusvalía, que, como enseñara el
maestro de la clase obrera Carlos Marx, significa trabajo no remunerado.
ORGANIZACIÓN DE TRABAJADORES MARPLATENSES
martes, 20 de marzo de 2007
viernes, 9 de marzo de 2007
24 DE MARZO DE 1976: DICTADURA ABIERTA DEL GRAN CAPITAL
El 24 de marzo se cumple el trigésimo primero aniversario de la irrupción de la dictadura abierta del Gran Capital en la Argentina.
A partir del 24 de marzo de 1976, La Junta Militar se propuso, como uno de sus principales objetivos, liquidar definitivamente el proceso revolucionario que venían construyendo las masas populares desde el Cordobazo, en mayo de 1969. Una de las características principales de este proceso fue la alta organización de la clase trabajadora.
Para que el gobierno Cívico – Militar cumpliera con su objetivo, era necesario profundizar la línea económica que se venía implementando, y para esto era fundamental exterminar las diferentes organizaciones populares. El plan económico era claro: estimular la concentración y la centralización del capital en manos de los monopolios extranjeros asociados a la gran burguesía local y crear condiciones que permitiesen un incremento en la explotación de la clase obrera y en la proletarización de la pequeña burguesía. El primero de estos aspectos implicaba la transferencia a manos de los grupos monopolistas de los capitales de menor envergadura, profundizando la liquidación de la burguesía nacional vinculada al mercado interno.
En este marco se inició un proceso de desindustrialización. Se sustituyeron las mercancías de elaboración nacional por artículos similares importados, afectando principalmente a las ramas vinculadas al capital nacional.
La deuda externa argentina creció brutalmente. Hacia 1975 rondaba los u$s 10.000 millones, para alcanzar, al fin de la dictadura militar, un monto que giraba alrededor de los u$s 50.000 millones. El pago de los intereses de esta deuda pesaría gravemente sobre el esfuerzo del pueblo argentino, particularmente de sus trabajadores.
En el primer año de instalación de la dictadura genocida, el salario real disminuyó un 33% respecto de 1975, tendencia que se fue profundizando a lo largo del gobierno cívico – militar.
Para poder realizar esto, la dictadura se vio obligada a accionar desde la superestructura estatal para lograr la disminución del nivel salarial, impulsando medidas de distinta naturaleza para vencer la previsible oposición de la clase obrera. Apeló al terrorismo dirigido en particular hacia los militantes populares. Sobre esta base, dispuso un conjunto de disposiciones jurídicas, que operaban tanto en el derecho colectivo del trabajo (prohibición de las huelgas, modificación de la ley sindical, congelamiento de las convenciones colectivas de trabajo, fijación de los incrementos salariales por debajo del índice inflacionario, entre otras) como en el terreno de las relaciones laborales individuales (modificación de la Ley de Contrato de Trabajo).
En el año 1983 se recuperaron las libertades democráticas burguesas, pero en lo esencial no se modifico la medula del sistema, que divide cada vez con mayor profundidad a explotadores y explotados.
A lo largo de estos años, el sistema, tanto en su variante fascista como en su variante democrática se fue profundizando. Por esto los trabajadores debemos intentar construir un espacio desde el cual, no solamente disputemos los términos en que se distribuye la riqueza, sino también, un espacio desde donde aspiremos a reconquistar para nosotros los medios de producción, no sólo para reducir la tasa de explotación, sino para abolir toda explotación.
Organización de Trabajadores Marplatenses
A partir del 24 de marzo de 1976, La Junta Militar se propuso, como uno de sus principales objetivos, liquidar definitivamente el proceso revolucionario que venían construyendo las masas populares desde el Cordobazo, en mayo de 1969. Una de las características principales de este proceso fue la alta organización de la clase trabajadora.
Para que el gobierno Cívico – Militar cumpliera con su objetivo, era necesario profundizar la línea económica que se venía implementando, y para esto era fundamental exterminar las diferentes organizaciones populares. El plan económico era claro: estimular la concentración y la centralización del capital en manos de los monopolios extranjeros asociados a la gran burguesía local y crear condiciones que permitiesen un incremento en la explotación de la clase obrera y en la proletarización de la pequeña burguesía. El primero de estos aspectos implicaba la transferencia a manos de los grupos monopolistas de los capitales de menor envergadura, profundizando la liquidación de la burguesía nacional vinculada al mercado interno.
En este marco se inició un proceso de desindustrialización. Se sustituyeron las mercancías de elaboración nacional por artículos similares importados, afectando principalmente a las ramas vinculadas al capital nacional.
La deuda externa argentina creció brutalmente. Hacia 1975 rondaba los u$s 10.000 millones, para alcanzar, al fin de la dictadura militar, un monto que giraba alrededor de los u$s 50.000 millones. El pago de los intereses de esta deuda pesaría gravemente sobre el esfuerzo del pueblo argentino, particularmente de sus trabajadores.
En el primer año de instalación de la dictadura genocida, el salario real disminuyó un 33% respecto de 1975, tendencia que se fue profundizando a lo largo del gobierno cívico – militar.
Para poder realizar esto, la dictadura se vio obligada a accionar desde la superestructura estatal para lograr la disminución del nivel salarial, impulsando medidas de distinta naturaleza para vencer la previsible oposición de la clase obrera. Apeló al terrorismo dirigido en particular hacia los militantes populares. Sobre esta base, dispuso un conjunto de disposiciones jurídicas, que operaban tanto en el derecho colectivo del trabajo (prohibición de las huelgas, modificación de la ley sindical, congelamiento de las convenciones colectivas de trabajo, fijación de los incrementos salariales por debajo del índice inflacionario, entre otras) como en el terreno de las relaciones laborales individuales (modificación de la Ley de Contrato de Trabajo).
En el año 1983 se recuperaron las libertades democráticas burguesas, pero en lo esencial no se modifico la medula del sistema, que divide cada vez con mayor profundidad a explotadores y explotados.
A lo largo de estos años, el sistema, tanto en su variante fascista como en su variante democrática se fue profundizando. Por esto los trabajadores debemos intentar construir un espacio desde el cual, no solamente disputemos los términos en que se distribuye la riqueza, sino también, un espacio desde donde aspiremos a reconquistar para nosotros los medios de producción, no sólo para reducir la tasa de explotación, sino para abolir toda explotación.
Organización de Trabajadores Marplatenses
sábado, 10 de febrero de 2007
INFLACIÓN: INSTRUMENTO DE EXPLOTACIÓN DE LA CLASE ASALARIADA Y LAS MASAS POPULARES
Desde la instauración en la Argentina de una nueva estrategia de acumulación (2001), hasta la actualidad, se asiste a un progresivo proceso inflacionario. Tanto el gobierno peronista de Kirchner como los capitalistas que operan en nuestro país sostienen que es el nivel remuneratorio de los salarios el responsable de la carestía. En ese contexto, el gobierno ha eliminado los aumentos salariales por decreto y ha pretendido, desde su asunción en 2003, condicionar la recuperación de los sueldos a incrementos de la productividad negociados con cada sector empresario. Sostiene que en la carrera contra los precios “siempre pierden los salarios”, pero omite recordar que los capitalistas requieren del auxilio del gobierno para ganar esa puja. De esta forma se confirma abiertamente la tesis marxista según la cual la burguesía necesita y emplea el poder del Estado para regular los salarios, es decir “para sujetarlos dentro de
los límites que benefician la extracción de plusvalía” (Marx , Carlos, La génesis del capital, separata de algunos capítulos de El Capital, Editorial Progreso, Moscú, 1972, pág. 32).
Ahora bien, si la inflación dependiera del nivel salarial, el estado actual de los sueldos debiera mantener estables a los precios, toda vez que los salarios reales en la Argentina se encuentran, en promedio, en un 13% por debajo de diciembre de 2001. Evidentemente, son los capitalistas y no los trabajadores quienes manejan esta variable introduciendo remarcaciones frente a una suba salarial. No es un fenómeno natural el que produce ese traslado, sino la política que implementan los empresarios, porque el salario sólo constituye un costo para ellos. En cambio para los trabajadores es un ingreso que disminuye en términos reales cuando hay inflación. Otro de los argumentos que se utilizan para explicar el proceso inflacionario en curso, reside en imputar tal tendencia al crecimiento del consumo. Sin embargo, esto sólo debiera quedar limitado a los productos adquiridos por los sectores de altos ingresos y no a la suba generalizada de las mercancías de primera necesidad. En el marco de
ingresos polarizados que caracteriza a la Argentina, es falso sugerir que la demanda global infla los precios (La brecha entre el decil con mayores ingresos y el más pobre era de 36,5 veces en el primer trimestre de 2006).
En realidad, los sectores más concentrados recuperaron su nivel de hiperconsumo, pero más de la mitad de los argentinos sólo navega las aguas del subconsumo.
El principal motor de la inflación es el modelo exportador que promueve el gobierno. Si el empresario argentino puede vender su producto en el mercado internacional obteniendo mayor rédito, traslada ese adicional al mercado local. Este mecanismo está vigente de manera abierta desde la devaluación del peso. Eso explica que el precio de la carne haya subido en los últimos tres años un 200%.
En ese estado de situación de la economía argentina, el gobierno difunde el temor a la inflación para desalentar las demandas salariales, mientras la burguesía más
concentrada sigue obteniendo enormes ganancias. En resumen, la
inflación resulta ser un mecanismo ingenioso para extraer una mayor cuota de ganancia a expensas de los ingresos de los trabajadores y el pueblo. Por otro lado, a fines de 2006, el gobierno anunció con alegría que el índice inflacionario había sido del 9,8% anual. ¿Cómo es que se llegó a semejante índice si los alimentos y las bebidas aumentaron un 20%, los alquileres un 13,8% y las expensas un 16,1%?. Sencillo, para alcanzar ese número el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC) incluyó rubros como: viajes a Europa, castración de animales, un crucero por el Caribe o una alianza de oro, mientras dejaba de lado otros que afectan directamente el bolsillo de las masas.
“No entiendo cómo llegó el gobierno al 9,8 % de promedio”, se preguntó el titular de la Unión Argentina de Inquilinos (UAI), Radamés Marini. No se preocupe, nosotros tampoco entendíamos.
los límites que benefician la extracción de plusvalía” (Marx , Carlos, La génesis del capital, separata de algunos capítulos de El Capital, Editorial Progreso, Moscú, 1972, pág. 32).
Ahora bien, si la inflación dependiera del nivel salarial, el estado actual de los sueldos debiera mantener estables a los precios, toda vez que los salarios reales en la Argentina se encuentran, en promedio, en un 13% por debajo de diciembre de 2001. Evidentemente, son los capitalistas y no los trabajadores quienes manejan esta variable introduciendo remarcaciones frente a una suba salarial. No es un fenómeno natural el que produce ese traslado, sino la política que implementan los empresarios, porque el salario sólo constituye un costo para ellos. En cambio para los trabajadores es un ingreso que disminuye en términos reales cuando hay inflación. Otro de los argumentos que se utilizan para explicar el proceso inflacionario en curso, reside en imputar tal tendencia al crecimiento del consumo. Sin embargo, esto sólo debiera quedar limitado a los productos adquiridos por los sectores de altos ingresos y no a la suba generalizada de las mercancías de primera necesidad. En el marco de
ingresos polarizados que caracteriza a la Argentina, es falso sugerir que la demanda global infla los precios (La brecha entre el decil con mayores ingresos y el más pobre era de 36,5 veces en el primer trimestre de 2006).
En realidad, los sectores más concentrados recuperaron su nivel de hiperconsumo, pero más de la mitad de los argentinos sólo navega las aguas del subconsumo.
El principal motor de la inflación es el modelo exportador que promueve el gobierno. Si el empresario argentino puede vender su producto en el mercado internacional obteniendo mayor rédito, traslada ese adicional al mercado local. Este mecanismo está vigente de manera abierta desde la devaluación del peso. Eso explica que el precio de la carne haya subido en los últimos tres años un 200%.
En ese estado de situación de la economía argentina, el gobierno difunde el temor a la inflación para desalentar las demandas salariales, mientras la burguesía más
concentrada sigue obteniendo enormes ganancias. En resumen, la
inflación resulta ser un mecanismo ingenioso para extraer una mayor cuota de ganancia a expensas de los ingresos de los trabajadores y el pueblo. Por otro lado, a fines de 2006, el gobierno anunció con alegría que el índice inflacionario había sido del 9,8% anual. ¿Cómo es que se llegó a semejante índice si los alimentos y las bebidas aumentaron un 20%, los alquileres un 13,8% y las expensas un 16,1%?. Sencillo, para alcanzar ese número el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC) incluyó rubros como: viajes a Europa, castración de animales, un crucero por el Caribe o una alianza de oro, mientras dejaba de lado otros que afectan directamente el bolsillo de las masas.
“No entiendo cómo llegó el gobierno al 9,8 % de promedio”, se preguntó el titular de la Unión Argentina de Inquilinos (UAI), Radamés Marini. No se preocupe, nosotros tampoco entendíamos.
jueves, 1 de febrero de 2007
EL CASO GEREZ
Pocos acontecimientos tienen el raro privilegio de transitar rápidamente del asombro y la preocupación al liso y llano descrédito como ha ocurrido con el secuestro de Luís Gerez. Más aún cuando los medios de comunicación imponen, explosivamente, el tema y algunos de ellos en especial –en este caso los aparatos estatal y privado oficialista - se esfuerzan para que su interpretación penetre en la conciencia del pueblo.
Recordamos uno: un día de 1998 los diarios y la televisión llenaron las cabezas de la gente con el suicidio del capitalista Yabrán. Según pasaban las horas, en el seno de las masas, la sorpresa dejaba paso a la desconfianza sobre la veracidad del hecho. Las encuestas que mostraban el descreimiento generalizado preocupaban a los escribas del poder; uno de ellos veía en esta actitud popular un síntoma de enfermedad social, nosotros, por el contrario, la saludábamos como señal inequívoca de que cada vez más advertimos y rechazamos los grandes montajes mediáticos del sistema. Este último 28 de diciembre la noticia de la desaparición, la noche anterior, de Luís Gerez –quien había testificado contra el
fascista Patti- nos conmovía. Nadie pudo dejar de pensar que se trataba de otro caso López. Fueron horas de incertidumbre para el pueblo pero no para los protagonistas y el gobierno que el viernes 29, temprano, decidió cómo sacar ventaja de la situación creada.
Escobar fue el campo de batalla y el enemigo a vencer: Abelardo Patti un siniestro cana represor pero no un idiota que vaya a dilapidar su fuerte inserción política en la ciudad con la torpeza de un secuestro a todas luces innecesario. Sobre un hecho real –casi con seguridad una apretada entre propios peronistas, que como está más que probado, desnudan sus métodos patoteros y mafiosos en grescasinternas, especialmente en épocas en las que se encuentran en el poder –se levantó una farsa tendiente a presentar como campeón de los derechos humanos a Kirchner y de paso compensar el fracaso de la investigación en la desaparición de Jorge Julio López, cerrando así el año con un empate sobre la hora con sabor a triunfo (electoral). Súper K hizo tronar el escarmiento nada menos que por cadena nacional y los secuestradores, aterrados ante tanta firmeza, liberaron sano y salvo a Gerez. No pocos fueron convencidos por esta patraña, en la que cayó incluso el lúcido periodista de izquierda Aliverti. Sin embargo, las flagrantes contradicciones, que se sucedían unas a otras, el descarado manejo de los funcionarios y la prensa estatal, la ausencia de datos e información creíble, el patético “papel “de Fernández de Rosa buscando el “primo cartelo” y otras perlas más tuvieron su corolario en la vergonzosa “conferencia de prensa” de Gerez la cual -felizmente- si alguien tenía alguna duda sobre el carácter fraudulento de toda esta historia sirvió para despejarla rotundamente.
¿Qué conclusión sacamos en la OTM? Este secuestro fue una farsa que, en todo caso, ilustra sobre las peleas internas del partido gobernante. El gobierno no trepidó en utilizarlo con fines propagandísticos. Está probado que muchas horas antes sabían que Gerez estaba vivo y que sería liberado. La propia aparición fue una puesta en escena. El farsante Kirchner reconoció en su discurso en cadena la existencia de grupos paramilitares “ligados al pasado”. Pero se olvidó de los “ligados al presente” esos que él tiene en su partido, a su lado, a la cabeza de las fuerzas de represión.
No debiéramos olvidar, pues aún no se ha cumplido un año, que un “arrepentido” de la Armada descubrió las tareas de inteligencia que esa fuerza llevaba a cabo sobre dirigentes sociales, de derechos humanos, periodistas e incluso funcionarios tanto de la provincia de Chubut como nacionales. Y que toda la información recogida era enviada al Comando de Operaciones Navales. Sin embargo la ministra Garré, en ese momento le dio un espaldarazo al almirante Godoy afirmando que éste “está al frente de las investigaciones” (Clarín, 21 de marzo de 2006 / pág. 3). Digamos, por último que no nos conmueven las detenciones de criminales octogenarios, que, al fin y al cabo, circo periodístico-judicial de por medio, terminarán sus días plácidamente en el jardín de su casa. Nos interesaría mucho más que se detuviera y se juzgara a los que hoy están en actividad, pero somos hijos de la experiencia y sabemos que como dice el dicho: “entre bueyes no hay cornadas”.
Recordamos uno: un día de 1998 los diarios y la televisión llenaron las cabezas de la gente con el suicidio del capitalista Yabrán. Según pasaban las horas, en el seno de las masas, la sorpresa dejaba paso a la desconfianza sobre la veracidad del hecho. Las encuestas que mostraban el descreimiento generalizado preocupaban a los escribas del poder; uno de ellos veía en esta actitud popular un síntoma de enfermedad social, nosotros, por el contrario, la saludábamos como señal inequívoca de que cada vez más advertimos y rechazamos los grandes montajes mediáticos del sistema. Este último 28 de diciembre la noticia de la desaparición, la noche anterior, de Luís Gerez –quien había testificado contra el
fascista Patti- nos conmovía. Nadie pudo dejar de pensar que se trataba de otro caso López. Fueron horas de incertidumbre para el pueblo pero no para los protagonistas y el gobierno que el viernes 29, temprano, decidió cómo sacar ventaja de la situación creada.
Escobar fue el campo de batalla y el enemigo a vencer: Abelardo Patti un siniestro cana represor pero no un idiota que vaya a dilapidar su fuerte inserción política en la ciudad con la torpeza de un secuestro a todas luces innecesario. Sobre un hecho real –casi con seguridad una apretada entre propios peronistas, que como está más que probado, desnudan sus métodos patoteros y mafiosos en grescasinternas, especialmente en épocas en las que se encuentran en el poder –se levantó una farsa tendiente a presentar como campeón de los derechos humanos a Kirchner y de paso compensar el fracaso de la investigación en la desaparición de Jorge Julio López, cerrando así el año con un empate sobre la hora con sabor a triunfo (electoral). Súper K hizo tronar el escarmiento nada menos que por cadena nacional y los secuestradores, aterrados ante tanta firmeza, liberaron sano y salvo a Gerez. No pocos fueron convencidos por esta patraña, en la que cayó incluso el lúcido periodista de izquierda Aliverti. Sin embargo, las flagrantes contradicciones, que se sucedían unas a otras, el descarado manejo de los funcionarios y la prensa estatal, la ausencia de datos e información creíble, el patético “papel “de Fernández de Rosa buscando el “primo cartelo” y otras perlas más tuvieron su corolario en la vergonzosa “conferencia de prensa” de Gerez la cual -felizmente- si alguien tenía alguna duda sobre el carácter fraudulento de toda esta historia sirvió para despejarla rotundamente.
¿Qué conclusión sacamos en la OTM? Este secuestro fue una farsa que, en todo caso, ilustra sobre las peleas internas del partido gobernante. El gobierno no trepidó en utilizarlo con fines propagandísticos. Está probado que muchas horas antes sabían que Gerez estaba vivo y que sería liberado. La propia aparición fue una puesta en escena. El farsante Kirchner reconoció en su discurso en cadena la existencia de grupos paramilitares “ligados al pasado”. Pero se olvidó de los “ligados al presente” esos que él tiene en su partido, a su lado, a la cabeza de las fuerzas de represión.
No debiéramos olvidar, pues aún no se ha cumplido un año, que un “arrepentido” de la Armada descubrió las tareas de inteligencia que esa fuerza llevaba a cabo sobre dirigentes sociales, de derechos humanos, periodistas e incluso funcionarios tanto de la provincia de Chubut como nacionales. Y que toda la información recogida era enviada al Comando de Operaciones Navales. Sin embargo la ministra Garré, en ese momento le dio un espaldarazo al almirante Godoy afirmando que éste “está al frente de las investigaciones” (Clarín, 21 de marzo de 2006 / pág. 3). Digamos, por último que no nos conmueven las detenciones de criminales octogenarios, que, al fin y al cabo, circo periodístico-judicial de por medio, terminarán sus días plácidamente en el jardín de su casa. Nos interesaría mucho más que se detuviera y se juzgara a los que hoy están en actividad, pero somos hijos de la experiencia y sabemos que como dice el dicho: “entre bueyes no hay cornadas”.
sábado, 27 de enero de 2007
BUROCRACIA SINDICAL”: EL APODO LE QUEDA CHICO
Siempre nos pareció que llamar “burocracia sindical”a los patoteros, ladrones, corruptos y traidores de la clase obrera era sencillamente erróneo pues no expresaba en absoluto las características de estos delincuentes que hace 60 años vienen sirviendo a los capitalistas, siempre bajo el paraguas protector del Estado (cualquiera fuese la facción de los capitalistas que estuviese al mando de este instrumento de represión).
El apelativo de burócratas sindicales, cuando mucho les confiere un tinte de inútiles envueltos en papeles habituados a holgazanear en los pasillos del ministerio de trabajo.
Sin embargo nada más alejado de esa apariencia: los mal llamados burócratas sindicales son los primeros y más directos enemigos de todo trabajador honrado y combativo. Ya en la fábrica, el taller, la oficina o la obra los encontramos delatando al compañero, rosqueando, conspirando, apoyados por los patrones, los traidores del gremio y, cuando es necesario, por la policía e incluso por alguna “barra brava” (si no, que lo digan los trabajadores del Hospital Francés).No debemos ocultar, no obstante, que no pocos de los que hicieron una gran campaña en la carrera de la traición, ocupando altos cargos sindicales, empresariales y políticos, fueron avalados por los propios trabajadores. Hagámosnos cargo de ello, así como tenemos un pasado de luchas glorioso, así como enfrentamos a la policía mientras honrábamos a nuestros muertos de Vasena, así como protagonizamos el “cordobazo” también, muchas veces hemos defeccionado, dejamos que compraran nuestra conciencia: un aguinaldo y unas vacaciones otorgados a tiempo “antes que perderlo todo” (según propias palabras de Perón el 25 de agosto de 1944 en la Bolsa de Comercio) fueron suficientes para que cambiásemos el sueño de una sociedad sin explotadores ni explotados por unos días de turismo. Pero…¡cuidado! Comprendemos cabalmente al compañero explotado y hambreado que venía del interior, y, obviamente, su falta de conciencia de clase lo dispensa de cualquier juicio histórico.
No podemos decir lo mismo de los dirigentes que en gran número se vendieron a los capitalistas y pasaron a ser perseguidores de los obreros: recordemos como ejemplo a uno de los primeros “vendeobreros”: Angel Borlenghi, secretario general del gremio de Empleados de Comercio quien de activo militante socialista y defensor de la República Española pasó a lamer las botas de los militares pronazis del GOU –a principios de la década del 40 -apoyar a Perón y luego recibir el premio de Ministro del Interior.
Basura como este último fueron moneda corriente: Aurelio Hernández del gremio de la madera ex secretario general de la anarco-sindicalista USA, afiliado al PC y luego expulsado por sus actividades policiales se convirtió al peronismo y fue secretario general de la CGT; Luis Gay, telefónico, quien había ocupado cargos directivos en la CGT en la década del 30, fundó el Partido Laborista en el ‘45 y en el ‘46 lo premiaron con el cargo de secretario de la central obrera; José Espejo de la alimentación cuyo único mérito era ser protegido de Eva Duarte; y tantos otros que adoptaron la “tercera posición”como un tapujo para su actividad procapitalista.
Desde entonces hasta el ladrón de Moyano y los “gordos” de hoy, enumerar una lista de mal llamados “burócratas sindicales” siempre funcionales al poder, siempre apropiándose de una cuota de plusvalía generada por aquellos que ellos mismos traicionan, siempre aferrándose a las conducciones por las buenas o por las malas, llevaría varios volúmenes.
Desde aquí proponemos llamar las cosas por su nombre: al pan, pan y a los vendeobreros: “vendeobreros”.-
Organización de Trabajadores Marplatenses
El apelativo de burócratas sindicales, cuando mucho les confiere un tinte de inútiles envueltos en papeles habituados a holgazanear en los pasillos del ministerio de trabajo.
Sin embargo nada más alejado de esa apariencia: los mal llamados burócratas sindicales son los primeros y más directos enemigos de todo trabajador honrado y combativo. Ya en la fábrica, el taller, la oficina o la obra los encontramos delatando al compañero, rosqueando, conspirando, apoyados por los patrones, los traidores del gremio y, cuando es necesario, por la policía e incluso por alguna “barra brava” (si no, que lo digan los trabajadores del Hospital Francés).No debemos ocultar, no obstante, que no pocos de los que hicieron una gran campaña en la carrera de la traición, ocupando altos cargos sindicales, empresariales y políticos, fueron avalados por los propios trabajadores. Hagámosnos cargo de ello, así como tenemos un pasado de luchas glorioso, así como enfrentamos a la policía mientras honrábamos a nuestros muertos de Vasena, así como protagonizamos el “cordobazo” también, muchas veces hemos defeccionado, dejamos que compraran nuestra conciencia: un aguinaldo y unas vacaciones otorgados a tiempo “antes que perderlo todo” (según propias palabras de Perón el 25 de agosto de 1944 en la Bolsa de Comercio) fueron suficientes para que cambiásemos el sueño de una sociedad sin explotadores ni explotados por unos días de turismo. Pero…¡cuidado! Comprendemos cabalmente al compañero explotado y hambreado que venía del interior, y, obviamente, su falta de conciencia de clase lo dispensa de cualquier juicio histórico.
No podemos decir lo mismo de los dirigentes que en gran número se vendieron a los capitalistas y pasaron a ser perseguidores de los obreros: recordemos como ejemplo a uno de los primeros “vendeobreros”: Angel Borlenghi, secretario general del gremio de Empleados de Comercio quien de activo militante socialista y defensor de la República Española pasó a lamer las botas de los militares pronazis del GOU –a principios de la década del 40 -apoyar a Perón y luego recibir el premio de Ministro del Interior.
Basura como este último fueron moneda corriente: Aurelio Hernández del gremio de la madera ex secretario general de la anarco-sindicalista USA, afiliado al PC y luego expulsado por sus actividades policiales se convirtió al peronismo y fue secretario general de la CGT; Luis Gay, telefónico, quien había ocupado cargos directivos en la CGT en la década del 30, fundó el Partido Laborista en el ‘45 y en el ‘46 lo premiaron con el cargo de secretario de la central obrera; José Espejo de la alimentación cuyo único mérito era ser protegido de Eva Duarte; y tantos otros que adoptaron la “tercera posición”como un tapujo para su actividad procapitalista.
Desde entonces hasta el ladrón de Moyano y los “gordos” de hoy, enumerar una lista de mal llamados “burócratas sindicales” siempre funcionales al poder, siempre apropiándose de una cuota de plusvalía generada por aquellos que ellos mismos traicionan, siempre aferrándose a las conducciones por las buenas o por las malas, llevaría varios volúmenes.
Desde aquí proponemos llamar las cosas por su nombre: al pan, pan y a los vendeobreros: “vendeobreros”.-
Organización de Trabajadores Marplatenses
jueves, 25 de enero de 2007
EL AUMENTO DE LA OCUPACION SE ASIENTA SOBRE UN MAYOR GRADO DE DESIGUALDAD SOCIAL, EXPLOTACION DE LA FUERZA DE TRABAJO Y CONCENTRACION DE LA RIQUEZA
El gobierno ha anunciado hace unos días que el índice de desocupación está a punto de perforar la barrera de los dos dígitos; efectivamente, el índice de desocupación oficial en el primer semestre del año 2006 fue del 10,4% (1.200.000 personas). Sin embargo, este índice no considera como desocupados a quienes reciben algún plan de empleo por el que se les paga $ 225,00; si así fuera, se elevaría al 12,8% el porcentaje de parados. Por otro lado, una cantidad similar a las personas desocupadas trabaja menos de 35 horas semanales, lo que los índices registran como subocupación.
Más allá de los indicadores gubernamentales, pese a que el Producto Bruto Interno es hoy un 18% mayor al de 1998 (cuando se desató la crisis de acumulación en Argentina), hoy tenemos: medio millón más de desocupados; 1 millón 200 mil más trabajadores en negro; casi 4 millones 300 mil pobres y 2 millones 700 mil indigentes más; la brecha que separa el 10% más rico con el 10% más pobre pasó de 22,8 veces a 29,9 veces; el ingreso medio de los trabajadores ocupados cayó casi un 24% y la relación entre el ingreso medio y el costo de la canasta básica que mide la pobreza empeoró un 25%.
En síntesis, hay un mayor nivel de producción, que trae como consecuencia más empleo, pero que se asienta sobre un mayor grado de explotación laboral y mayor riqueza en menos manos.
Quizás pronto habremos perforado la desocupación de dos dígitos, “éxito” que se asentará sobre un cuadro de empobrecimiento, exclusión, marginalidad y desigualdad social.-
Organización de Trabajadores Marplatenses
Más allá de los indicadores gubernamentales, pese a que el Producto Bruto Interno es hoy un 18% mayor al de 1998 (cuando se desató la crisis de acumulación en Argentina), hoy tenemos: medio millón más de desocupados; 1 millón 200 mil más trabajadores en negro; casi 4 millones 300 mil pobres y 2 millones 700 mil indigentes más; la brecha que separa el 10% más rico con el 10% más pobre pasó de 22,8 veces a 29,9 veces; el ingreso medio de los trabajadores ocupados cayó casi un 24% y la relación entre el ingreso medio y el costo de la canasta básica que mide la pobreza empeoró un 25%.
En síntesis, hay un mayor nivel de producción, que trae como consecuencia más empleo, pero que se asienta sobre un mayor grado de explotación laboral y mayor riqueza en menos manos.
Quizás pronto habremos perforado la desocupación de dos dígitos, “éxito” que se asentará sobre un cuadro de empobrecimiento, exclusión, marginalidad y desigualdad social.-
Organización de Trabajadores Marplatenses
lunes, 15 de enero de 2007
ESTADO “DEMOCRATICO” O DICTADURA ABIERTA DEL CAPITAL SIGNIFICAN: REPRESORES DE LOS QUE BUSCAN CAMBIAR EL SISTEMA
Los trabajadores de la OTM condenamos el secuestro de Jorge Julio López y denunciamos al gobierno peronista como cómplice del mismo. Porque creemos que es complicidad y engaño sostener un discurso de defensa de los Derechos Humanos –con el que se ha embaucado a muchos- y mantener a la vez intactos los organismos de represión y de inteligencia.
Como gente de abajo que somos, ignoramos qué está ocurriendo en las esferas del poder, respecto del caso López así como ignoramos específicamente a qué fuerza de represión responden sus captores; hay quienes atribuyen el secuestro a la bonaerense –hecho más que posible- y otros mencionan a la ”mano de obra desocupada” aunque, a nuestro juicio, este concepto es erróneo pues, en este país, los milicos y los servicios de toda calaña nunca han estado desocupados, basta recordar al represor Guglielmineti -en la década del 80- formando parte de la custodia del entonces presidente Alfonsín, o a Gregorio Ríos miembro del ejército personal de Yabrán, y, actualmente, ¿alguien desconoce que el criminal Astiz tiene sus “oficinas” en el Hospital Naval donde atiende cotidianamente?, ¿o que Etchecolatz maneja su grupo de tarea desde el penal de Marcos Paz?. En nuestra ciudad abundan los miembros y colaboradores de la dictadura, periodistas, jueces, etc, todos con plena ocupación, incluso aquellos que, como el represor Oliveros –hoy prófugo al parecer por mejicanear a alguno de sus socios- incursionaron en el cuentapropismo.
Deseamos fervientemente que liberen sano y salvo a López, pero no tenemos esperanza en que esto ocurra, posiblemente estén esperando el momento político oportuno para tirar impunemente su cadáver en la calle como arrojaron las propias llaves del secuestrado en el jardín de su casa. Los trabajadores debemos aprender de estos hechos: los capitalistas jamás acabarán con los ejecutores de las amenazas, las torturas y los secuestros pues los necesitan, les son de gran utilidad en su guerra contra nuestra clase.-
Organización de Trabajadores Marplatenses
Como gente de abajo que somos, ignoramos qué está ocurriendo en las esferas del poder, respecto del caso López así como ignoramos específicamente a qué fuerza de represión responden sus captores; hay quienes atribuyen el secuestro a la bonaerense –hecho más que posible- y otros mencionan a la ”mano de obra desocupada” aunque, a nuestro juicio, este concepto es erróneo pues, en este país, los milicos y los servicios de toda calaña nunca han estado desocupados, basta recordar al represor Guglielmineti -en la década del 80- formando parte de la custodia del entonces presidente Alfonsín, o a Gregorio Ríos miembro del ejército personal de Yabrán, y, actualmente, ¿alguien desconoce que el criminal Astiz tiene sus “oficinas” en el Hospital Naval donde atiende cotidianamente?, ¿o que Etchecolatz maneja su grupo de tarea desde el penal de Marcos Paz?. En nuestra ciudad abundan los miembros y colaboradores de la dictadura, periodistas, jueces, etc, todos con plena ocupación, incluso aquellos que, como el represor Oliveros –hoy prófugo al parecer por mejicanear a alguno de sus socios- incursionaron en el cuentapropismo.
Deseamos fervientemente que liberen sano y salvo a López, pero no tenemos esperanza en que esto ocurra, posiblemente estén esperando el momento político oportuno para tirar impunemente su cadáver en la calle como arrojaron las propias llaves del secuestrado en el jardín de su casa. Los trabajadores debemos aprender de estos hechos: los capitalistas jamás acabarán con los ejecutores de las amenazas, las torturas y los secuestros pues los necesitan, les son de gran utilidad en su guerra contra nuestra clase.-
Organización de Trabajadores Marplatenses
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